· Por Claudia Posada
Parecen superados los malestares de hace algunos meses una vez se
eliminó la pretensión de dar facultades al Gobernador para transformar la FLA.
Retomado el asunto para debatirlo ampliamente en la Asamblea de Antioquia no
puede decirse que haya consensos y que el tema no genera controversias, pero
por lo menos está abierto el espacio de discusión que amerita tan compleja
decisión. Para el efecto, los diputados han podido manifestar los pros y
contras que los unen o los distancian con argumentos que se siguen exponiendo,
aclarando y dilucidando por parte de los funcionarios del Departamento y la
gerencia de la FLA.
Dejar de ser una dependencia de la Secretaría de Hacienda, en donde ha
estado anclada la Fábrica que ya es centenaria, para convertirse en una Empresa
Industrial y Comercial del Estado (EICE) por sus componentes jurídicos,
administrativos, técnicos y laborales exige juiciosos análisis y los debates
del caso. Observando la reciente socialización del Proyecto de Ordenanza 25 del
8 de octubre de 2020 podría decirse que por parte del Departamento todas las
aristas de tan trascendental iniciativa están debidamente estudiadas, no en
vano son ya varios meses de análisis, mesas de trabajo y cuestionamientos.
Por su parte, los diputados siguen considerando aspectos que no los
convencen para hacer efectiva la transformación que busca autonomía financiera,
diversificar la producción y en todo caso alcanzar metas en ventas mucho más
satisfactorias que hoy pues finalmente los beneficios de mejores ganancias
garantizan financiación de programas y proyectos muy importantes para Antioquia
y los antioqueños.
No suena nada mal
que el conocimiento, la infraestructura, la trayectoria de la FLA y sus
trabajadores sean los mejores aportes al nuevo modelo de negocio estatal. Se ha
reiterado que no habrá riesgos en mantenerlo lejos de ambiciones privadas; se
sostiene su condición ciento por ciento oficial y se insiste en la necesidad de
resolver con la transformación, problemas de fondo. Entre los diputados hay
quienes prefieren la FLA tal cual está hoy, aunque ven su modernización necesaria
dado que hay de por medio asuntos jurídicos que obligan. Para otros es una
total torpeza, sus argumentos no son muy precisos, más bien poco convincentes;
para el resto una entidad con cien años funcionando a punta de aguardiente y
ron, básicamente, cuando hoy las opciones en licores, los gustos y los precios
fijan preferencias; podrán mirarse entonces otros tipos de contratación y
obviamente debe diversificar productos y formas de comercializar. En
definitiva, apostarle a la innovación.
OPINION (Publicada en El Reverbero de Juan Paz)
1 de Noviembre del 2020
O