Por Claudia Posada
La FLA tuvo, no sabemos si todavía los produce, licores exquisitos
-fuera de las variedades del aguardiente y del ron actuales- como la Crema de
Menta y la Crema de Café Colombia, cuya preferencia entre los tragos cortos del
mundo, siguen siendo bebidas ideales para asentar o bien digerir comidas
fuertes; es decir, para la hora del pousse-café; aunque también son un rico
ingrediente para preparar cocteles (hoy de tanta acogida). Igualmente, su
portafolio de productos incluyó el Vodka Montesskaya y la Ginebra Katia para
tragos largos.
Al Brandy Don Juan, que fue muy publicitado cuando producido, pero
sin ponerlo en estantes, lo tumbó el Domecq que ya existía; se aprovecharon de
la campaña de expectativa que creó la FLA con su brandy y se adelantaron a
ponerlo “frente al ojo” de sus potenciales consumidores. Hasta a las más
sencillas tiendas de barrio y alejadas veredas llegó y se quedó el Domecq;
tremendo golazo sin gastar en publicidad. Tal vez todavía nuestra licorera
produzca algunos productos de los nombrados, pero lo que no se anuncia no se
vende. En este punto pensamos que quizá los distribuidores de los licores de la
FLA priorizan en otras marcas por mejores márgenes de utilidad. No
sabemos.
Haber sido aprobada por la Asamblea de Antioquia la creación de la
Empresa Industrial y Comercial del Estado (EICE) FLA, vislumbra posibilidades
amplias de negociaciones, alianzas y demás ventajas que ahora, como una
dependencia de Hacienda del Departamento, no le están facilitadas ya que no es
posible acceder a las facultades que contempla el régimen
privado; en cambio, la nueva licorera podrá regirse por
éste, salvo las excepciones consagradas expresamente en la Constitución
Política, la Ley y demás disposiciones reglamentarias; advirtiendo que será
ciento por ciento pública. A partir del 1° de enero del 2021 arranca la nueva
empresa con autonomía administrativa, técnica y financiera, adscrita sí, a la
misma Secretaría, pero con personería jurídica y patrimonio propio. La
Ordenanza 25 de octubre de este año dice que “La “FÁBRICA DE LICORES Y
ALCOHOLES DE ANTIOQUIA”, tendrá por objeto producir, comercializar, vender,
importar, y distribuir licores destilados, alcohol potable y no potable; así
como, bebidas alcohólicas y no alcohólicas, productos sanitarios, medicinales,
alimenticios y complementarios”.
Con respecto al objeto coinciden los diputados, todos, en creer que,
como lo espera el gobernador Aníbal Gaviria, la nueva empresa muy seguramente
va a posicionarse a la altura de otras licoreras que hoy le compiten
fuertemente a la FLA y que en algunos casos la superan en ventas. No así en
cuanto a la composición de la junta directiva que se contempla para la
EICE-FLA. Según lo aprobado por 21 diputados de los 26, la Duma Departamental
continúa con la potestad del control político, más no podrá interferir en
decisiones de alto vuelo que serán competencia exclusiva de la junta. Además,
para quienes votaron negativo el Proyecto de Ordenanza, quedan en el limbo
ciertos aspectos que corresponden al componente laboral, en razón a que la
Administración no aceptó las proposiciones que pedían incluir algunas
precisiones y suprimir otras.
Por ejemplo, se les propuso a los representantes del Gobernador
presentes en el recinto, eliminar la palabra “enajenar” – dado su
bien conocido significado en el código comercial- del Articulo que
en el texto enumera el alcance del poder que tendrán los cinco miembros de la
Juan Directiva EICE-FLA -allí no tendrán asiento diputados- observando las más
de 25 funciones entregadas al organismo que hará parte de la estructura de
dirección, el cual estará integrado por el gobernador o su delegado (que lo
preside), dos particulares que nombra libremente el gobernante de turno, además
del gerente del IDEA y el Secretario de Hacienda. Tal proposición no fue
aceptada.
Con relación a la contratación de los actuales funcionarios de la FLA en
la nueva empresa, sean hoy trabajadores oficiales o empleados públicos, una vez
se desvinculen de la planta global del Departamento, subsisten serias dudas
porque a pesar de lo amplio de los debates al respecto, no lograron satisfacer
las inquietudes de los corporados que por ésta y otras razones, votaron
negativo el proyecto de Ordenanza 25; y la verdad sea dicha, nosotros como
ciudadanos del común, tampoco podemos decir que en tal sentido todo quedó
clarísimo, no. En lo que de igual manera no hubo consenso, fue en lo referente
al concurso de méritos que tiene en el aire a unos 60 aspirantes quienes fueron
llamados a participar para cargos en la FLA desde el 2016, y que, aunque
alcanzaron los mejores puntajes, no han podido ocuparlos; parece que el
Servicio Civil de la Función Pública no ha publicado la lista de elegibles, requisito
indispensable para proceder. Proveer tales cargos, se dice, será un lio
tremendo porque se cometieron errores en dicha convocatoria, además que,
presumiblemente, están provistos con funcionarios en
provisionalidad.
En todo caso se asegura por parte de los diputados de la coalición, que
a los trabajadores oficiales se les respetarán todos sus derechos, manifiestan
que están protegidos por las conquistas logradas. No hay tal “masacre laboral”,
si así se quisiera, afirman, se hubiera aprovechado la reestructuración
reciente del Departamento para hacer retiros. “No se ha despedido a ningún
funcionario, por el contrario, se crearon cargos para niveles directivos”. ¿O
sea más burocracia?
Otro asunto sujeto a incómodas confrontaciones, tuvo que ver con las
denominadas Cuentas por Participación, que como legos en la materia lo
asimilamos a los porcentajes explícitamente señalados en la Constitución y la
Ley para invertir en Educación, Salud y Deporte según los recursos financieros
de las licoreras; al final, hubo un no rotundo a que se especificara de manera
tácita en la Ordenanza, cómo se repartirán a partir del 2021. Es posible que
como lo pregonaron, no hubiera afán para sacar adelante la Ordenanza con miras
a privatizarla, pero que haya quedado abierta una ventana para esa posibilidad
en el mediano futuro, nos parece que sí. Podemos concluir, que la poca
credibilidad en las “buenas acciones” de la clase política en general, se la
ganaron. Lo cierto es que de conformidad con el modelo Neoliberal, la tendencia
responde a que el Estado sea cada vez más pequeño, y todo lo máximo posible se
haga mediante convenios con particulares, es decir, por fuera de la planta de
cargos fijos; pero lo más grave no es esto, lo malo es que aumentan el tamaño
de la planta y también crecen la tercerización mediante contratos.
Los políticos que incursionan en el mundo en donde los de espuela se
sembraron, llegan deseosos, casi todos, de servirle con su vocería y gestión a
los marginados de siempre, pero resulta que se dan contra los muros invisibles
de la malicia que mantienen en las esferas de poder y decisión, a los mismos
con las mismas.
Nos atrevemos a decir que una de las características de los políticos
con cancha, es esa facilidad para escurrírsele a la confrontación ciudadana;
sentir vergüenza ante sus electores no es el fuerte de ellos; pensar en qué
puede pasar cuando ya no esté en el gobierno éste o aquel que apoyan hoy de
buena fe, o según sus particulares intereses, menos. “Más vale pájaro en mano,
que cien volando” ¿será su consigna? Y si el discurso les ha funcionado para
estar ahí, aunque no hagan gestiones realmente importantes por la ciudad, la
región o el país, ahí están y ahí se quedan. La nueva licorera antioqueña, para
algunos de los diputados que encontraron inconvenientes en el Proyecto de
Ordenanza -ya aprobado y listo para la firma del Gobernador- es evidente un
gran riesgo, quedaron “abiertas las puertas a la privatización”. Mejor dicho:
Pavimentado el camino para llegar a la meta.
En anterior columna
cometimos una imprecisión que es pertinente corregir aquí. Son dos las mujeres
diputadas a la Asamblea de Antioquia: María Eugenia Lopera, del Partido Liberal
(No del CD) y Verónica Arango, del CD.
Publicada el 22 de noviembre del
2020 en El Reverbero de Juan Paz