Por Claudia Posada
Desde
distintas disciplinas, profesionales y estudiosos del cambio climático, nos
llaman la atención para que tomemos conciencia de cómo, en las generaciones de
hoy, está la responsabilidad de fijar la mirada sobre el planeta que vivimos,
que nos regala bienestar y nos ofrece la perfección de la naturaleza; pues,
cruelmente, estamos afectando con fiereza y pésimas prácticas ambientales, las
riquezas que nos rodean. Entre tales asuntos relacionados con los hábitos que nos invitan asumir, está la dieta sostenible, es decir, la que por su
bajo impacto ambiental, contribuye a la seguridad alimentaria y nutricional, y
a la vida sana de las generaciones presentes y futuras.
En
tal sentido, la dietista Arango tocó un “pecado”, tal vez poco conocido, en el que estamos cayendo
desconsideradamente. Sostiene ella que,
“La producción de carne de origen animal es uno de los principales causantes
del aumento de GEI, en especial las carnes rojas provenientes de rumiantes,
pues causan el 19 % de las emisiones, y además el 70 % del suelo se usa para la
producción ganadera”. En la charla “Dieta sostenible para la nutrición y la
salud ambiental”, del programa #SaludUNALContigo, la nutricionista habló
además, sobre los inconvenientes del
consumo excesivo de este tipo de carne para la salud humana, al tener en cuenta
que puede producir enfermedades crónicas
como algunos tipos de cáncer, afecciones cardiovasculares, diabetes tipo 2 y
ganancia de peso; por lo que entendemos entonces que, mientras más demanda de
carnes rojas haya, más crecerá el número de
hectáreas destinadas a la ganadería sin control, y el resultado será, sin duda alguna, el aumento
de gases efecto invernadero.
Cuando
se habla de Dieta Sostenible, se hace referencia a “Una dieta con bajo impacto ambiental,
que contribuye a la seguridad alimentaria y nutricional, y a la vida sana de
las generaciones presentes y futuras”. Llevada a la práctica, se trata de una
alimentación basada en leguminosas, tubérculos, cereales integrales, frutas,
alimentos poco procesados, pescado
producido de forma sostenible y consumo moderado o nulo de carne de origen
animal. Alimentarse así, contribuye en la reducción, tanto de la emisión de
gases de efecto invernadero (GEI) como en el uso del suelo. Gracias a esta
información, la que obtuvimos desde la
Universidad Nacional de Colombia (UNAL) entendimos la estrecha relación entre
las grandes extensiones ganaderas y los impactos al cambio climático.
En
tal sentido, Andrea Arango indicó que “La producción de ganado ha aumentado de
4 a 5 veces, al pasar de 71 a 318 millones de toneladas entre 2014 y 2020, y se
estima que seguirá creciendo hasta llegar a las 455 millones de toneladas en
2050”. ¿Por qué entonces no se debe desestimar la relación entre el cambio
climático y nuestra alimentación? Existen distintos factores que afectan el
medio ambiente, entre ellos están los de
tipo antropogénico (o de influencia humana) y entre éstos los relacionados con
las emisiones de GEI –como gas metano, vapor de agua, óxido nitroso, gases
florados y dióxido de carbono– los cuales empeoran cuando el alimento es de
origen animal, por las razones arriba mencionadas, y que se precisan así por parte de la
investigadora nutricional Andrea Arango:
“La
carne vacuna produce al menos 295 kg de dióxido de carbono por kilogramo de
proteína, mientras que en otras carnes, como el pollo, la producción es menor.
Además, por 1 kg de consumo de energía para la producción de carne de rumiante,
como la de res, se usan casi 7.000 litros de agua, con la carne de cerdo 2.182
litros, y en carne de pollo 1.773. Sin embargo, lo recomendable es reducir el
consumo de toda carne de origen animal”. Las sugerencias dadas por la estudiosa
de la nutrición poblacional, Andrea Arango, para que ayudemos con nuestro
estilo de alimentación, individual y colectivamente, al medio ambiente, y en
consecuencia legar un mejor planeta a las generaciones futuras, son justamente
las que favorecen la disminución del GEI. Ella nos recomienda las dietas veganas
principalmente, seguidas de las
vegetarianas o la mediterránea; las que además, dice, hacen que se dé una reducción importante en
el uso del suelo.
(Publicado el 29 de agosto 2021 en El Rebercero de Juan Paz y en Ifmnoticias)