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Algunos factores de riesgo de suicidio para los adultos mayores incluyen enfermedades crónicas y discapacitantes, jubilación, soledad y depresión. |
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Los
adultos mayores que habitan en el campo son víctimas de la débil cobertura y
acceso al sistema de salud, situación que, junto a la falta de ingresos fijos
como una pensión, y de una red de apoyo emocional, los llevaría a tomar la
decisión de ponerle fin a su vida. |
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El
suicidio en la población adulta mayor es un problema de salud pública grave
que no ha recibido la atención que merece desde los sectores académicos y
gubernamentales. En
personas mayores de 60 años esta situación se ha asociado principalmente con
factores como el deterioro de la salud mental o la depresión, o a una
enfermedad crónica. No
obstante, la falta de ofertas en servicios de salud, sobre todo para las
personas que viven en la ruralidad, conlleva a un deterioro más acelerado y
prematuro que, en muchos casos por dolores extremos, lleva a los adultos
mayores a tomar la fatídica decisión. En
su trabajo doctoral en Salud Pública de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL),
Ivonne Ordóñez Monak encontró que, aunque existe una tendencia a que los
adultos mayores tengan una tasa más alta de suicidio que el resto de la
población, algunos casos se podrían evitar si se disminuyen las brechas de
inequidad. Para
llegar a estos resultados, la investigadora analizó información entre 2009 y
2013 de los expedientes del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias
Forenses, además de las Estadísticas Vitales (EE. VV.) publicadas por el
Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) durante este mismo
periodo, para que fueran comparables entre sí. Además,
visitó 44 municipios en los que reposan los archivos de los casos reportados
y se revisaron 1.167 carpetas para identificar distintas variables sociodemográficas
como estado civil, situación económica y antecedentes médicos, entre otros. También
realizó un análisis cualitativo con base en las entrevistas a algunos de los
familiares de los mayores fallecidos, así como narrativas forenses e
historias clínicas. Así,
determinó que se presentaron 1.023 casos en hombres (87,66 %) y 144
mujeres (12,34 %), equivalented a 7 casos de suicidio masculino por cada
suicidio femenino. Según
la investigación, Arauca es el departamento con las mayores tasas de suicidio
en esta población, seguido de otras zonas distantes del país. Temor
a la dependencia incrementa los temores Según
las entrevistas realizadas a los familiares de los hombres, algunas razones
por las cuales presentan una tasa más alta es porque tienen temor de perder
las capacidades que les permiten ser autónomos e independientes, e incluso,
ser proveedores del hogar. "Mientras
que las mujeres tienen un rol social bien definido con sus hijos y nietos, en
los hombres se da la tendencia a estar más relegados, situación que estaría
asociada con una sensación de pérdida del sentido de la vida que los lleva a
cometer suicidio", explica la investigadora. Agrega
que “la falta de estabilidad económica los golpea muy duro. Saber que
dependen de sus hijos, o que van a depender, es muy difícil de asimilar para
ellos”. “Solo
el 13 % de la población evaluada alcanzó a pensionarse, y como a su edad
difícilmente pueden acceder a un empleo estable, algunos de ellos deciden
trabajar en la informalidad y terminan en la indigencia, lo que refuerza sus
problemas de salud y podría predisponer al suicidio”, anota. De
otra parte, para el 74 % de las mujeres entre las razones que las
llevaron al suicidio se encuentran enfermedades mentales como Alzheimer,
depresión y demencia; para un 57 % de los hombres las motivaciones
tenían que ver con el desarrollo de enfermedades como cáncer, enfermedad
pulmonar obstructiva crónica (EPOC), afecciones cardiovasculares y diabetes. Ahorcamiento, el mecanismo más común Los
hechos han sucedido en las viviendas en horas de la mañana, y el mecanismo
más común es el ahorcamiento para los dos sexos, seguido de arma de fuego en
los hombres e intoxicación en las mujeres. “Es
evidente que el tema del envejecimiento requiere acciones y respuestas
urgentes en torno a políticas de protección social, garantía de los derechos
de las personas mayores y envejecimiento activo en el marco de la equidad y
la justicia social”, indica la doctora. Y
advierte que los resultados cuantitativos, pero, sobre todo, la información
cualitativa analizada, evidencia las debilidades en la formación de talento
humano en salud, respuesta social y disponibilidad de redes de apoyo para las
necesidades en salud física y mental de la tercera edad en Colombia. “Aunque
existen acciones asistenciales, preventivas y programas sociales, no son
diseñadas de manera específica para este grupo poblacional, o no están siendo
efectivas para mitigar y apoyar los retos que implica el envejecimiento de
nuestros adultos mayores”, concluye. Fuente: Unimedios |