jueves, 18 de agosto de 2011
NECESITAMOS VOCES SERENAS
Revisando grabaciones de radio, de diez años atrás o más, nos encontramos declaraciones de aspirantes a corporaciones públicas y a cargos de elección popular, en las que manifiestan - al igual que algunos de sus homólogos actuales- total descontento con la Administración de turno rigiendo los destinos de Medellín; inconformes, supuestamente, debido al desamparo en el que se encontraban los habitantes de la Bella Villa, azotados por bandas de atracadores, extorsionistas y toda clase de pillos.
En aquellos momentos, como ahora, los encargados de dar seguridad a los ciudadanos de Medellín, y diseñar estrategias para el control del pillaje, expresaban a su favor que, sin duda, hacían todo lo posible para ofrecer protección con el presupuesto y demás recursos a su alcance, y argumentaban alguna impotencia para responder exitosamente a las exigencias requeridas.
Así que los graves, muy graves problemas que estamos padeciendo hoy en la capital antioqueña no son nada nuevo, y en la medida en la que se ha aumentado la población, la delincuencia también ha crecido.
¿Culpa de quién? ¿Culpable el alcalde actual? ¿Responsable el alcalde de hace 15 años? ¿Incapaz el mandatario de hace 22 años? No se necesita ser muy estudioso ni muy analítico para saber que ninguno de ellos, individualmente, es culpable; ni tampoco se puede asegurar que es yerro del sistema o pecado de las autoridades; son tantos los factores que inciden en la situación de inseguridad de hoy, y de ayer, como muchas las razones para esas falencias; ¿causas? Algunas distintas a las de ayer, otras son las mismas desde décadas atrás.
En todos los asuntos administrativos para la conducción de una ciudad como Medellín, se ha fallado históricamente en uno u otro momento, y en ello caben motivos presupuestales, técnicos y políticos; además inciden aspectos que son puramente individuales, entre otros, la corrupción de no pocos “servidores públicos” agazapados en entidades e instituciones – y que pertenecen a todos los rangos- así como la falta de rigurosidad en mecanismos judiciales.
Y no podemos dejar a un lado ese aspecto tan complejo que aporta al crecimiento de los conflictos en las ciudades: La llegada de gentes provenientes de otras poblaciones, cargadas de ilusiones y esperanzas, lo que por consiguiente exige atender más demanda en salud, vivienda, educación y empleo; sumado a la pereza del burócrata de profesión, negligencia o desinterés de algunos aparecidos, y en abundantes casos, el tener que someterse a la oposición caprichosa de algunos concejales y otros tipos de “lìderes” que evidencian su burda politiquería; esa tan dañina a las buenas intenciones, la que ataja ideas, programas y proyectos de beneficio colectivo, por satisfacer afanes personales.
Así las cosas, el asunto se va convirtiendo en una bomba de tiempo anunciada y para nada ignorada por quienes se ocupan de analizar los problemas de nuestra capital, en donde nacen, crecen se reproducen y no mueren, dificultades, con tantos tentáculos, como los de la inseguridad.
Herramientas judiciales laxas, temores fundados, corruptela en agentes del orden, escasos recursos tecnológicos o el inadecuado manejo de los mismos –por falta de preparación o por corrupción- además de que cada administrador de turno tiene sus particulares prioridades: Hay quienes se ocupan en primer orden de las obras de infraestructura porque son visibles, son urgentes o fueron un compromiso, otros prefieren las obras de perfil social –que no son tan visibles pero son vitales-, hay quienes le ponen el mayor interés a la educación o al emprendimiento; así se va desarrollando una ciudad que, sin lugar a dudas, hoy ofrece mejor calidad de vida que hace 30 años, pero con mayores índices de delincuencia si se le mira aisladamente y no en proporción al numero de habitantes.
Así mismo, ¿El desarrollo que presenta hoy la capital de Antioquia es gracias al alcalde actual? No; es gracias a él y a todos los anteriores, gracias a ellos y a muchos de los concejales de hoy y de antes que sobrepusieron los intereses colectivos a los personales; gracias a la Administración actual y a las anteriores que han aportado, cada una, su grano de arena; unas más, otras menos, pero todas de alguna manera.
En ese sentido, igualmente las complicaciones crecientes para poder ofrecer seguridad satisfactoria a los habitantes - permanentes y temporales- de Medellín, son la suma de errores actuales y pasados, flaquezas de antes y de ahora, negligencias acumuladas, entorpecimientos de los politiqueros de hoy y de siempre, representantes de distintos partidos y tendencias.
En todo caso, corresponde a los dueños de las decisiones y a quienes pertenecen a las esferas de poder, tanto de los últimos años como de años atrás, controlar oportunamente los brotes de inseguridad antes de que se conviertan en situaciones gravísimas como las que hoy padece nuestra ciudad, las cuales, en vísperas de elecciones, le quieren achacar, exclusivamente, -muy orondos y campantes - a la Administración actual de Medellín.
Hay mucho ruido, necesitamos voces serenas.