viernes, 5 de agosto de 2011

Se refresca el panorama político con Simón Gaviria Muñoz

En vísperas del primer año de gobierno del Presidente Juan Manuel Santos se respira confianza, credibilidad en el mandatario. Está cumpliendo, aunque obviamente no es posible que sea a la perfección y en un ciento por ciento, si apenas lleva 12 meses remplazando al antioqueño Álvaro Uribe que estuvo ocho años.
En materia de control a la corrupción creemos que va bien, fue uno de los temas en que más énfasis hizo en su discurso de posesión y desde ese momento empezó a gustarnos.
En contraste con lo anterior, por los lados del Senado las cosas no nos suenan tan agradables. La propuesta del Presidente de la Cámara Alta, de volver a montarnos la inmunidad parlamentaria, repele a los ciudadanos que, no sin razón, nos preguntamos ¿inmunidad o impunidad?
En cambio la mesa directiva de la Cámara de Representantes, con Simón Gaviria en la Presidencia, hizo eco al Estatuto Anticorrupción y decidió regular el lobby o cabildeo dentro de las plenarias. Excelente decisión. Si bien la tarea de los cabilderos es legítima y necesaria, se ha llegado a extremos verdaderamente extravagantes por parte de algunos de ellos que definitivamente confundieron el objetivo de su trabajo.
¡Guácala! como dicen los niños ante algo que “huele mal”.

"Debemos hacer las cosas con decencia y transparencia. De ahora en adelante queda prohibido el ingreso de los lobistas en las plenarias", dijo el joven congresista Simón Gaviria, en una nueva demostración de su pulcritud. Nos encanta este muchacho, su estilo, su perfil como político que sabe lo que quiere y para dónde va. Simón Gaviria no es esquivo al poder, pero sabe dirigirlo.
De suerte que, favoreciendo los superiores intereses de una población harta de la corruptela y de las maniobras maliciosas que favorecen interese mezquinos, se refresca el panorama político con Simón Gaviria Muñoz.