domingo, 26 de enero de 2014

DE LOS ARROGANTES Y DE LOS AGALLUDOS, LÍBRANOS SEÑOR

Conclusiones que se me ocurren de dos temas de mucho peso informativo en las últimas semanas.

1. La parálisis del Metro de Medellín demostró que cuando se quiere actuar con eficacia, como lo hizo ante la contingencia el Área Metropolitana, hay recursos y hay gente capaz.

Las bondades del Metro,  excelente operación y validez para la movilidad de la zona metropolitana del Valle de Aburrá, quedaron fuertemente posicionadas al sucederse el percance.
Hemos sostenido que todas las administraciones locales, unas más otras menos, trabajan por sus municipios; los alcaldes tienen prioridades de acuerdo con sus planes de gobierno y eso está bien, pero de ahí, a que caprichosamente se nieguen al desarrollo de sus propias localidades o de una subregión, hay mucho trecho.
El problema grave que se quiso evitar con la interrupción del servicio del Metro en algunas estaciones mientras se hacían obras de reparación en la rivera del Río Medellín, sirvió también para recordar que un  alcalde de Envigado, por mero capricho personal –cosa muy frecuente en mandatarios y corporados que se niegan a un apoyo porque “se les da la gana”- sacrificó decisiones tan importantes como el curso de la línea del Metro, al negarse a permitir que ese moderno medio de trasporte llegará a su localidad. Según cuentan testigos fieles de aquel momento, parece que alcalde de marras no se entendió con el gerente del Metro de ese entonces. Mejor dicho, dos soberbios que se encontraron para infortunio del Río pues sus arrogantes posturas  cambiaron el rumbo definitivo del Metro.
Conclusión: Queda demostrado que a muchos gobernantes –chiquitos y grandes- no les importan tanto las necesidades de sus gobernados como salirse con la suya.
2. El asunto que se le destapó a la señora María Luisa Piraquive, "Profetisa del Dios Altísimo", logró mover suficiente opinión pública, no tanto como para que se les mermen los votos a los del MIRA pues su disciplina –o sumisión- es a prueba de escándalos, sino para que los posibles incautos que ellos quieren pescar en adelante –por lo menos mientras se olvida el tema- lo piensen un poco y no se dejen engatusar.
Entre la gente del MIRA en el Congreso colombiano hay mujeres que se han desempeñado mucho mejor, digamos, que algunos parlamentarios católicos confesos; a la bancada del Mira se le debe buenas iniciativas e interesantes debates que sirvieron para sacudir a sus compañeros quienes, sin ser del MIRA, son unos vivos tan agalludos como los dueños de la Iglesia de la señora Piraquive.
Conclusión: Convenciendo incautos con promesas “divinas” o con promesas mundanas, los políticos vivos –que no es lo mismo que avispados- consiguen muy buena plata para sus propias arcas.
Estamos fregados los colombianos con tanto ladrón de cuello blanco en recintos “sagrados”, y tanto atracador en las calles, robando y matando sin compasión.
3. Una encimita “deliciosa”: Se habla de la mermelada como algo reprochable -me refiero a la mermelada comestible que se le unta a las galletas- dicen que es pésima para conservar la línea; en todo caso debe ser por lo apetitosa por lo que a la burocracia descarada, por excesiva, le pusieron el nombre de “mermelada”, pero es simplemente un nombre nuevo. Los dueños del poder, por lo alto y a menor escala, según los puestos y el presupuesto, siempre, siempre, han repartido las porciones del ponqué o las untaditas de la mermelada.