Conclusiones que se me ocurren de dos temas de mucho peso informativo en
las últimas semanas.
1. La parálisis del Metro de Medellín demostró que cuando se quiere
actuar con eficacia, como lo hizo ante la contingencia el Área Metropolitana,
hay recursos y hay gente capaz.
Las bondades del Metro, excelente operación y validez para la
movilidad de la zona metropolitana del Valle de Aburrá, quedaron fuertemente
posicionadas al sucederse el percance.
Hemos sostenido que
todas las administraciones locales, unas más otras menos, trabajan por sus
municipios; los alcaldes tienen prioridades de acuerdo con sus planes de
gobierno y eso está bien, pero de ahí, a que caprichosamente se nieguen al
desarrollo de sus propias localidades o de una subregión, hay mucho trecho.
El problema grave que
se quiso evitar con la interrupción del servicio del Metro en algunas estaciones
mientras se hacían obras de reparación en la rivera del Río Medellín, sirvió
también para recordar que un alcalde de Envigado, por mero capricho
personal –cosa muy frecuente en mandatarios y corporados que se niegan a un
apoyo porque “se les da la gana”- sacrificó decisiones tan importantes como el
curso de la línea del Metro, al negarse a permitir que ese moderno medio de
trasporte llegará a su localidad. Según cuentan testigos fieles de aquel
momento, parece que alcalde de marras no se entendió con el gerente del Metro
de ese entonces. Mejor dicho, dos soberbios que se encontraron para infortunio
del Río pues sus arrogantes posturas cambiaron el rumbo definitivo
del Metro.
Conclusión: Queda
demostrado que a muchos gobernantes –chiquitos y grandes- no les importan tanto
las necesidades de sus gobernados como salirse con la suya.
2. El asunto que se
le destapó a la señora María Luisa Piraquive, "Profetisa del Dios Altísimo", logró
mover suficiente opinión pública, no tanto como para que se les mermen los
votos a los del MIRA pues su disciplina –o sumisión- es a prueba de escándalos,
sino para que los posibles incautos que ellos quieren pescar en adelante –por
lo menos mientras se olvida el tema- lo piensen un poco y no se dejen
engatusar.
Entre la gente del MIRA en el Congreso colombiano
hay mujeres que se han desempeñado mucho mejor, digamos, que algunos
parlamentarios católicos confesos; a la bancada del Mira se le debe buenas
iniciativas e interesantes debates que sirvieron para sacudir a sus compañeros
quienes, sin ser del MIRA, son unos vivos tan agalludos como los dueños de la
Iglesia de la señora Piraquive.
Conclusión: Convenciendo incautos con promesas
“divinas” o con promesas mundanas, los políticos vivos –que no es lo mismo que
avispados- consiguen muy buena plata para sus propias arcas.
Estamos fregados los colombianos con tanto ladrón
de cuello blanco en recintos “sagrados”, y tanto atracador en las calles,
robando y matando sin compasión.
3. Una encimita “deliciosa”: Se habla de la mermelada
como algo reprochable -me refiero a la mermelada comestible que se le unta a
las galletas- dicen que es pésima para conservar la línea; en todo caso debe
ser por lo apetitosa por lo que a la burocracia descarada, por excesiva, le
pusieron el nombre de “mermelada”, pero es simplemente un nombre nuevo. Los dueños
del poder, por lo alto y a menor escala, según los puestos y el presupuesto, siempre,
siempre, han repartido las porciones del ponqué o las untaditas de la mermelada.