“La investigadora Claudia López convocó a rueda de prensa en
Medellín el martes 14 de enero para hablar de su campaña al Congreso. Si fueron
tres periodistas es mucho. Probablemente los medios de Antioquia no le caminan
porque ella siempre ha criticado la clase dirigente de esta región y ahora
quiere que la apoyen. Complejo el panorama así”.
El párrafo anterior corresponde a una nota publicada por el apreciado
periodista Juan Carlos Hurtado en su última columna virtual “Recovecos de la Política”.
Me llama la atención que el análisis de mi admirado colega, vaya tan en
contravía con el deber ser de los comunicadores especializados en el área del
trasegar político.
Los oyentes esperamos que se nos informe sobre los planteamientos de los
aspirantes a corporaciones públicas, independientemente si ellos critican o
defienden a la clase dirigente de nuestra región.
La razón que da Juan Carlos para que no asistieran los periodistas a la
convocatoria de la señora López, me parece que lo único que logra es, confirmar
la mediocridad de un grueso número de colegas que cubren el área política, convencidos
de que el oficio periodístico puede
ejercerse sin tener en cuenta al oyente –creo que el periodismo escrito y el televisivo
es más trabajado- así que se pasan por la faja las características de un buen espacio
radial.
Los potenciales votantes, aquellos que por decenas escuchan los programas
político-administrativos, esperan oír planteamientos de todos quienes quieren
pronunciarse, no solamente de los amigos de los periodistas, o de los que les pautan.
Y hablando de pauta, ya empieza, por fin, a oírse y verse un poco más de
propaganda política, es una de las alternativas buenas para conocer un poco a
los aspirantes y establecer criterios de
elección, aunque no la única pues lo que dice una cuña no es nunca suficiente.
He conocido algunas tarifas para pautar en espacios radiales dirigidos
por periodistas independientes y las encuentro bastante razonables; no se puede
negar que todos los programas tienen oyentes, unos más y otros menos, depende de
la trayectoria, profesionalismo y credibilidad de los comunicadores a cargo.
Profesionales y empíricos del periodismo los hay como en toda labor,
buenos, malos y pésimos; y en los espacios dedicados a la información política sí
que hay unos improvisadores que dan pena ajena, inclusive estos también tienen
sus oyentes, parecidos a ellos desde luego. (Dizque periodistas, o sea,
ejerciendo una tarea informativa o educativa, y dicen, por ejemplo: “juventú”, “eleto”,
“salú”, “diretiva”, “proyeto”, “écito”, “taci”, “exenario”…).
En esa misma proporción, es decir, de acuerdo con la alta, mediana o
baja audiencia, deberían ser las tarifas de la pauta política, así funciona
para los grandes medios; obviamente los equipos periodísticos vinculados a las
más importantes cadenas también influyen en las tarifas, y no podemos ser tan
ingenuos –los periodistas independientes- pensar que podemos ofertar casi a los mismos
costos de los programas que se emiten por medios masivos con una inmensa audiencia
comprobada.
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Me sueño
políticos destinando sus habilidades, inteligencia y su poder, al impulso de la
creación de nuevas empresas; inclusive creándolas ellos mismos con la riqueza
que consiguen. Qué triste tantos jóvenes, que estudiaron con grandes
sacrificios, o que no estudiaron porque no entienden el valor de la educación, dedicados
a tareas del rebusque en las esquinas pues para ellos no hay oportunidades.
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Los abuelos
comentaban que Antioquia en el siglo XIX se caracterizó por el nacimiento de
grandes empresas y el florecimiento de la industria, contaban que los ricos de
ese entonces, con tenacidad y ganas de servir, fueron artífices de la fama de emprendedores,
luchadores y avispados –a lo bien- orgullo
de los antioqueños.
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Eso cambió
totalmente, ahora se quiere tener plata como sea, atesorar egoístamente; hasta la
gente supuestamente de bien, en las nuevas generaciones, se dejó permear por el
dinero fácil.
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Los principios
que se aprendían en el hogar, incluso antes de llegar al colegio, ya ni se
enseñan ni se respetan. Las mamás en el hogar defendían la moral y las buenas
costumbres, antes que venderse al mejor postor.
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Desde luego
que buena parte de este caos –impregnado de la más cruel violencia- se lo debemos
a los mafiosos.
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Mafia (téngase
en cuenta que hay muchos tipos de mafia) y política, se amalgaman y el
resultado es una sociedad enferma cuya escala de valores permite modelos de
vida absolutamente reprochables.
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¿Y a todas éstas,
a dónde quedó el deber ser del periodismo? ¿A dónde fue a parar la responsabilidad
social de nuestro oficio? Me encantan los espacios televisivos que escudriñan,
que destapan, que denuncian, que hacen seguimiento.
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Me aburren
sobremanera los espacios radiales que se limitan a leer boletines de prensa, y
mal leídos además. ¡Cómo me gustaba el periodismo de Antonio José Caballero! ¡Cómo
me gusta el periodismo de Pirry!