Debe
ser muy triste presenciar la implosión
de un edificio en el que en segundos se esfuma el apartamento que, generalmente,
se compra con un montón de ilusiones; cruel, muy cruel, que en segundos desaparezcan
los muebles que se eligieron, los
cuadros que se colgaron y tantos otros elementos que, cuesten mucho o poco, son
parte importante, en menor o mayor grado, de nuestras pertenencias. Y todo
porque a un grupo, o a alguien, le dio por priorizar perversamente sus ganancias por encima de trabajar
a la luz del camino de la excelencia que es el que conduce a ofrecer,
honestamente, calidad y belleza.
Corrupción
en el estado, corrupción en los particulares, corruptela en las fuerzas armadas…
¡qué ejemplo para las generaciones nuevas!
Frente
a las informaciones que se vienen dando, de un lado y otro, y desde distintas
fuentes a partir del momento en el que estalló el escándalo de las supuestas “chuzadas”
a las conversaciones de La Habana, lo mejor
es aceptar que la verdad no se va a conocer y que lo único cierto es que los
colombianos vivimos en un mundo de
enredos.
Inteligencia
hacen en casi la totalidad de las naciones del planeta, esa labor pretende complementar
el trabajo de prevención y seguridad que realizan los organismos del estado para
proteger a los ciudadanos y a los territorios. “Chuzar” es muy distinto, son repudiables acciones de escudriñar para perjudicar,
y podría decirse que por más pronunciamientos que oigamos, tal vez de ninguno
podemos decir que es el que sostiene la verdad verdadera.
Y
tan inútil como terciar a favor o en contra de este o aquel en el asunto de las
“chuzadas”, es, guardadas proporciones, asegurar que el Alcalde Medellín es el
corrupto y debe renunciar a su cargo, o
que el sucio es Gallo Riaño y que tenía muy merecida la echada. No me explico
cómo se atreven a dar declaraciones contundentes frente al tema, los amigos y
enemigos de uno y otro, de manera tan evidentemente
sesgada. Y peor aún, por qué los periodistas juzgan y condenan como si ello fuera parte de su labor.
El
domingo próximo, 9 de febrero es nuestro día clásico; existe también el 4 de
agosto para exaltar, oficialmente, la tarea de informar, pero en general nos quedamos
celebrando la fecha tradicional.
Y
cómo tantas veces, volvemos a encontrarnos con la inquietud de muchos: ¿Cuál es
la diferencia entre periodista y comunicador? Respondemos dando un ejemplo que
ilustra, yéndonos a otro campo
totalmente distinto.
Al
sastre de oficio, le llevamos una tela para que nos haga un vestido, nos toma
medidas y nos pide cierta información para confeccionarlo; él nos dice –desde su experiencia— cuál es el
diseño que considera adecuado, nos habla del corte, de los detalles accesorios
y del resultado esperado.
La
misma tela la llevamos a un diseñador profesional, es decir, a quien estudió los
componentes de la confección de un traje
para vestir a alguien en particular, o para seguir una tendencia, él trabaja de
acuerdo con las enseñanzas recibidas en la academia y su propia experiencia; es
posible que éste nos haga las mismas preguntas que el sastre para finalmente entregarnos
un vestido tan bonito, o no, como el del sastre empírico. ¿Cuál es la
diferencia entre uno y otro? La academia. ¿Quién es mejor? No hay respuesta
precisa.
El
comunicador social (el comunicador corporativo, o el comunicador – periodista,
entre otros, según la universidad en donde se prepare) recibe un título que lo habilita
para ejercer la profesión en sus distintas ramas. Periodista, en cambio, es quien ejerce el
oficio de informar, de manera independiente o vinculado laboralmente a un medio
de comunicación, y no necesariamente hizo un estudio de pregrado específicamente
que lo acredite como tal.
De
ahí que existan cargos para periodistas (necesarios en tareas informativas o periodísticas
puramente) y hay cargos en los que exigen el título de comunicador, porque es
requerido para otras tareas que pertenecen a la formación académica de este
tipo de profesionales.
En
el caso de los sastres, de los periodistas, o de tantos otros oficios, la ley
no está exigiendo profesionalización; como sí, por ejemplo, en el caso de quien
está al frente de una farmacia. Antes el boticario era el dueño, vendía y hasta
recetaba, ahora quien está al servicio de una droguería –con la responsabilidad
del establecimiento- tiene que ser Regente de Farmacia, título que da un centro
de formación superior.
Felicitaciones
a mis colegas, en especial a quienes ejercen con la ética y la responsabilidad
propias de tan delicada labor. Felicitaciones de todo corazón a quienes están
el frente de las agremiaciones que aglutinan a los periodistas de Antioquia y
del país, porque desde allí apoyan el ejercicio correcto de este oficio y lo
defienden de quienes lo atacan o agreden
individual o colectivamente.
·
Sinceramente,
en mi caso particular, no me mueve a votar la promesa de campaña que asegura
que el candidato irá al Congreso a evitar que las llamadas a celular se caigan.
Eso es como si el novio le promete a la novia que si se casa con él le asegura
que en la vejez no le va a dar Alzheimer. Lo mejor de las promesas – y a todos
nos gustan por eso hay que hacerlas en campaña política, pero con la
verdadera intención de cumplirlas- es que sean creíbles, lógicas, alcanzables, provechosas
para los grupos menos favorecidos, novedosas…