En la edición virtual de El Colombiano de hoy martes 20 de
septiembre, se lee esto en algunos apartes de una noticia que me llamó la
atención: “Un patrullero de la Policía fue capturado en Itagüí, luego de que la
madre de una niña de 11 años lo denunciara por presunto abuso sexual”… El jefe
de la policía en Medellín aclaró que contra el patrullero hay otras denuncias.
“… En uno de los casos hay otras dos menores involucradas y la investigación
prosigue…”. La madre denunciante le dijo a la Fiscalía que el uniformado había
amenazado de muerte a su hija”.
Y luego, en la misma edición de hoy, me encuentro un artículo con este título: Polémica por encuesta del Dane sobre
comportamientos sexuales.
Hace poco fueron las famosas cartillas que, con todo y el engaño
a la opinión pública, aclarado a destiempo por la Ministra Parody (pues mientras
algunos se escandalizaban con la publicación que le achacaron al Ministerio de
Educación, la funcionaria creía que la estaban fustigando por la verdadera
edición que apenas se preparaba) de todas maneras centenares de colombianos,
horrorizados porque dizque “les iban a enseñar a sus hijos a ser homosexuales”
salieron a marchar reclamando principios morales.
Ahora resulta que, luego de semejante exabrupto, aparece otro
grupo de personajes, entre docentes y padres de familia, indignadísimos por una
encuesta que aplicó el DANE, para sacar resultados estadísticos que ayuden a
orientar comportamientos en niñas, niños y jóvenes escolarizados.
Casos de abusos a menores, por parte de miembros de su entorno
familiar, vecinos, maestros y
desconocidos, se registran de manera alarmante en nuestro país; es increíble entonces,
que resulte censurable en sectores educativos y sus distintos
estamentos, la aplicación de una encuesta que de manera anónima, respondieron
libremente estudiantes a partir del grado 6° con el fin de que, según los resultados
obtenidos, se orienten contenidos pedagógicos por edades y riesgos.
Frente a la absurda polémica, el director del Dane, Mauricio
Perfetti del Corral, aclaró que “la Ley 1336
de 2009, por medio de la cual se adiciona y robustece la Ley 679 de 2001, de la
lucha contra la explotación, pornografía y el turismo sexual con niños, niñas y
adolescentes; y que, en su artículo 13, le asigna al Dane la responsabilidad de
adelantar una investigación estadística con el fin de conocer los factores de
riesgo social, individual y familiar que propician la explotación sexual de
niñas, niños y adolescentes”, señala el diario El Colombiano.
La Encuesta de Comportamientos y Actitudes sobre Sexualidad en
Niñas, Niños y Adolescentes Escolarizados (Ecas), dice el mismo medio, “ha
despertado el malestar de los rectores y profesores del país porque, tal como
lo explicó el presidente de la Unión de Colegios Internacionales (Uncoli),
Fernando Vitta, no son apropiadas (las encuestas) para el público al que van
dirigidas, estudiantes de los grados 6º a 13º de los establecimientos de
educación formal de los sectores oficial y no oficial”.
La herramienta estadística Ecas, según el DANE, “busca conocer
las actividades que realizan los niños, niñas y adolescentes escolarizados en
su tiempo libre, además de identificar los factores de riesgo social, familiar
e individual que afecten la libre realización de sus derechos, así como los
aspectos que afectan sus salud sexual y reproductiva”.
¿Muy peligroso ese objetivo? Realmente peligroso para los menores,
es ignorar la realidad de un entorno ruin
y abusador, y que por culpa de tan absurdos escrúpulos, no sean orientados
correcta y oportunamente. Semejante mojigatería, entorpece decisiones pedagógicas
que tal vez fueron vistas como “escandalosas” en sociedades oscurantistas de hace
siglos, las que parece reviven hoy en
Colombia.
El miedo y la represión fueron algunas características de
aquellas épocas tenebrosas; estas mismas particularidades, sumadas a las
contradicciones ideológicas que son el pan de cada día en nuestro país, crean escenarios propicios
para los abusadores.
Los pre-adolescentes y adolescentes, que gozan de suficiente formación
en cuanto lo que se relaciona con el ejercicio sano de la sexualidad, tendrán el
suficiente criterio para entender el abuso como algo que no es lo “normal” que
le quieren hacer creer, y podrán defenderse adecuada y oportunamente de quienes amparados en una supuesta condición de privilegio, dado
el poder que ostentan como autoridad en la familia o en la comunidad, pueden
hacerles trizas la vida prematuramente, como parece ser el caso de la niña de 11 años que me motivó a
escribir este artículo.