martes, 20 de septiembre de 2016

EDUCACIÓN MOJIGATA

En la edición virtual de El Colombiano de hoy martes 20 de septiembre, se lee esto en algunos apartes de una noticia que me llamó la atención: “Un patrullero de la Policía fue capturado en Itagüí, luego de que la madre de una niña de 11 años lo denunciara por presunto abuso sexual”… El jefe de la policía en Medellín aclaró que contra el patrullero hay otras denuncias. “… En uno de los casos hay otras dos menores involucradas y la investigación prosigue…”. La madre denunciante le dijo a la Fiscalía que el uniformado había amenazado de muerte a su hija”.

Y luego, en la misma edición de hoy,  me encuentro un artículo con este título: Polémica por encuesta del Dane sobre comportamientos sexuales.

Hace poco fueron las famosas cartillas que, con todo y el engaño a la opinión pública, aclarado a destiempo por la Ministra Parody (pues mientras algunos se escandalizaban con la publicación que le achacaron al Ministerio de Educación, la funcionaria creía que la estaban fustigando por la verdadera edición que apenas se preparaba) de todas maneras centenares de colombianos, horrorizados porque dizque “les iban a enseñar a sus hijos a ser homosexuales” salieron a marchar reclamando principios morales.

Ahora resulta que, luego de semejante exabrupto, aparece otro grupo de personajes, entre docentes y padres de familia, indignadísimos por una encuesta que aplicó el DANE, para sacar resultados estadísticos que ayuden a orientar comportamientos en niñas, niños y jóvenes escolarizados.

Casos de abusos a menores, por parte de miembros de su entorno familiar, vecinos,  maestros y desconocidos, se registran de manera alarmante en nuestro país; es increíble entonces, que  resulte censurable  en sectores educativos y sus distintos estamentos, la aplicación de una encuesta que de manera anónima, respondieron libremente estudiantes a partir del grado 6°  con el fin de que, según los resultados obtenidos, se orienten contenidos pedagógicos por edades y riesgos.

Frente a la absurda polémica, el director del Dane, Mauricio Perfetti del Corral, aclaró que “la Ley 1336 de 2009, por medio de la cual se adiciona y robustece la Ley 679 de 2001, de la lucha contra la explotación, pornografía y el turismo sexual con niños, niñas y adolescentes; y que, en su artículo 13, le asigna al Dane la responsabilidad de adelantar una investigación estadística con el fin de conocer los factores de riesgo social, individual y familiar que propician la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes”, señala el diario El Colombiano.

La Encuesta de Comportamientos y Actitudes sobre Sexualidad en Niñas, Niños y Adolescentes Escolarizados (Ecas), dice el mismo medio, “ha despertado el malestar de los rectores y profesores del país porque, tal como lo explicó el presidente de la Unión de Colegios Internacionales (Uncoli), Fernando Vitta, no son apropiadas (las encuestas) para el público al que van dirigidas, estudiantes de los grados 6º a 13º de los establecimientos de educación formal de los sectores oficial y no oficial”.

La herramienta estadística Ecas, según el DANE, “busca conocer las actividades que realizan los niños, niñas y adolescentes escolarizados en su tiempo libre, además de identificar los factores de riesgo social, familiar e individual que afecten la libre realización de sus derechos, así como los aspectos que afectan sus salud sexual y reproductiva”.

¿Muy peligroso ese objetivo? Realmente peligroso para los menores, es  ignorar la realidad de un entorno ruin y abusador, y que por culpa de tan absurdos escrúpulos, no sean orientados correcta y oportunamente. Semejante mojigatería, entorpece decisiones pedagógicas que tal vez fueron vistas como “escandalosas” en sociedades oscurantistas de hace siglos, las que  parece reviven hoy en Colombia.

El miedo y la represión fueron algunas características de aquellas épocas tenebrosas; estas mismas particularidades, sumadas a las contradicciones ideológicas que son el pan de cada día  en nuestro país, crean escenarios propicios para los abusadores.

Los pre-adolescentes y adolescentes, que gozan de suficiente formación en cuanto lo que se relaciona con el ejercicio sano de la sexualidad, tendrán el suficiente criterio para entender el abuso como algo que no es lo “normal” que le quieren hacer creer, y podrán defenderse adecuada y oportunamente de  quienes amparados  en una supuesta condición de privilegio, dado el poder que ostentan como autoridad en la familia o en la comunidad, pueden hacerles trizas la vida prematuramente,  como parece ser el caso  de la niña de 11 años que me motivó a escribir este artículo.