Los ejemplos de vida que recibió
Roberto Hoyos Ruiz de sus padres, fueron
tan sólidos e íntegros, que era imposible ser distinto al ser humano que
conocimos y admiramos en los distintos campos en los que se desempeñó o en los participó
con su contagioso entusiasmo.
Su padre, Roberto Hoyos Castaño,
marinillo de grandes ejecutorias en su permanente afán de trabajar por el progreso
de su tierra; fue inmensamente generoso y demostró día tras día de su vida pública, que la capacidad de gestión de un político es
primordialmente para el bien común.
Con su alto sentido de la
responsabilidad y el deber, como pilares fundamentales para el ejercicio de la
actividad política, Hoyos Castaño señaló el camino recto que muy pocos en la
vida pública colombiana han seguido: Roberto hijo sí, él lo siguió al pie de la
letra y lo superó con creces.
Doña Esperanza Ruiz de Hoyos, la
dulce mamá de su amado “Robertico”, imprimió en sus hijos el amor cristiano, el
servicio a los semejantes y la espiritualidad como estilo de vida.
Doña Esperanza soportó una penosa enfermedad que la afligió por
mucho más tiempo que a su hijo, pero que igual soportó dignamente en compañía
permanente de la oración.
Roberto Hoyos Ruiz no podía ser distinto
a ese maravilloso ser humano que hoy despide su familia, la que
en compañía de centenares de amigos, elevará plegarias al Altísimo que lo
acogerá en la Gloria Eterna, en donde le esperan sus padres amorosos,
orgullosos del hijo que se entregó a la
tierra que lo vio nacer, a Marinilla y a toda Antioquia.
Para sus hermanas Clemencia y Luz
María, a sus hijos, tíos, primos y demás parientes, a la comunidad marinilla, a
su gente del deporte, al Urabá antioqueño, nuestra voz de solidaridad y consuelo. Una muy
dolorosa pérdida. QEPD