lunes, 3 de octubre de 2016

CONCILIAR ES EL CAMINO

Con sabia templanza, diría yo,  Vargas Lleras frente a los acuerdos con las FARC demostró un admirable sentido práctico y sagacidad política.  Por lo discreto que estuvo para apoyar el Si,  interpreto que tuvo serias reservas con respecto a lo que podría ser finalmente el resultado del plebiscito;  su  parquedad tan criticada, al preguntársele sobre el tema, ocultaba tal vez el presentir que,  el triunfo del gobierno no estaba asegurado.

Los sentimientos triunfalistas que recogemos hoy, expresados en memes poco lúcidos, ordinarios,  desentonados, similares a los que nos cansaron hasta ayer día del plebiscito, debilitan las manifestaciones serenas, conciliadoras e inteligentes, que se oyeron anoche después de conocer los resultados del plebiscito,  y por supuesto se contraponen a los mensajes también recibidos por las redes, tanto durante la campaña como hoy,   positivos, inteligentes, finos, geniales, limpios, de uno y otro lado.

Creo que las motivaciones que llevaron a quienes nos desplazamos  este domino 2 de octubre, a votar por una u otra opción, fueron más allá de la simple  afirmación: “Colombia  votó NO para apoyar a  Uribe  contra de Santos” aunque en algunos sí cabe esa sentencia,  según los memes que se inventaron o compartieron.  Por otra parte, decir que los del Sí, votamos engañados por Santos, es absurdo. Nos movieron sentimientos solidarios más que razonamientos ciertos o falaces.

 Estaba  claro que se votaría lo acordado con las FARC, por lo tanto esto, y solo esto,  estaba sujeto a aprobación o no en el plebiscito,  la confusión fue a otro nivel, tanto que, casi un 63% resolvió abstenerse de ir a las urnas pues las campañas no fueron trasparentes y el intento pedagógico peso menos que lo compartido en las redes.

Al saberse que los colombianos votaron tan parejo, lo primero que se derrumbó fue el sofisma que anticipaba un  triunfo aplastante del Sí, argumentando que habría trampas y  chanchullos por parte del gobierno y sus instituciones encargadas de los registros electorales; al igual se vino al piso el  distractor absurdo que sentencia: La mitad de  los colombianos ama a Uribe y la otra mitad lo odia.

Los resultados, a mi juicio, no tienen que ver en un ciento por ciento con estos dos señores, más bien con la razón y los sentimientos. Mejor dicho, en  el NO, tuvo mucho peso  lo difusión de  argumentos mañosos;  en la decisión por el  Sí, poco tuvo que ver el santismo. El resultado por el Si,  se le debe a los ciudadanos, no a los políticos precisamente.

De todas maneras, el Presidente J. M. Santos tiene los méritos que los uribistas quieren negar  al desconocerle su  perseverancia en favor de una negociación que consiguiera la dejación de las armas por parte de los grupos guerrilleros.  Cuando  aseguran desde el CD que lo único que mueve a Santos es el Premio Nobel de Paz, están acudiendo a sus ya sabidas argucias para incautos, una entre tantas que fueron el soporte de la campaña negativa al plebiscito. Es posible que lo quiera, pero no es su única ni primera pretensión.

Claro que Uribe tuvo mucho que ver con el triunfo del NO, sus leales devotos hicieron juiciosos la tarea, siguieron al pie de la letra el  libreto y con sus teorías convencieron.  Pero no se puede ignorar que también hubo posiciones  aportantes  al desacuerdo,  porque racionalmente veían inaceptable lo concedido a los de las FARC, convirtiéndose en un gran número de opositores a los acuerdos,  sin ser seguidores del exmandatario y Senador.

Para el caso de muchos votantes por el NO en las regiones limítrofes con Venezuela, creo que el estar tan cerca,  palpar, vivir en algunos casos,  las fatalidades de un régimen como el de Maduro, les hizo participar sumando a la inconformidad,  motivados por el pavor a un sistema Comunista. Particularmente no creo que ese haya sido un argumento con sólidos fundamentos, pero quienes lo creyeron tenían razón en sus temores.

En las poblaciones más pobres de Colombia como el Chocó y el Cauca,  o de más inequidad como la Guajira,  al igual que en otras  golpeadas terriblemente por los grupos guerrilleros, en donde padecen además las indecencias y fangos de la corrupción, los habitantes expresaron sus esperanzas votando por el Sí. Por estos, al igual que por los campesinos que hoy ya  sienten sus anhelos legítimos desvanecerse,  así como por los jóvenes entusiastas del Si,  siento verdadero dolor de patria. Sus ilusiones se esfumaron.

Además de sentirme triste por el resultado,  aunque  no tanto asombrada pues lo presentía, ayer me sentí molesta al observar algo que me irritó:  Si no era por la construcción de la paz por lo que se preguntaba en el plebiscito, argumento orquestado profusamente para respaldar el NO, habría que decir, que  tampoco era para confirmar el mandato de Santos por lo que se hizo la consulta; por lo tanto “NO más Santos, NO más Santos…”me  sonaba como  fuera de lugar anoche cuando lo pasaron por televisión desde  la sede del CD en Bogotá, esa reacción de los uribistas me impacientó.

 “Queremos la paz,  queremos la paz…”  en cambio,  me conmovía en boca de la juventud que se motivó a  participar en el plebiscito de manera entusiasta pero sobre todo espontanea,  respondiendo a deseos sinceros de conocer lo que les ha negado generación tras generación; ellos, los jóvenes por el Si,  al  finalizar las votaciones de ayer, se aglomeraron en los alrededores del Teatro Pablo Tobón de la capital antioqueña, para expresar su anhelo y llorar su desilusión.
   
No creo que una renegociación sea tan fácil  como dicen los del NO, y no lo creo  simplemente porque  a Uribe, así y todo tenga el alma  bondadosa y el corazón grande que aseguran sus creyentes, le puede más la rabia contra Santos que la generosidad por Colombia.   Considero, más bien,  que debemos prepararnos para unos debates en el Congreso muy encendidos. Ese es el escenario de la clase política que “representa” las distintas tendencias;  sentados en sus respectivas curules, posiblemente van a resolver políticamente, lo que negociado bajo otros criterios, se firmó el 26 de septiembre de 2016, pero el pueblo colombiano no lo acogió plenamente.

Si estábamos decididos a  tragarnos  sapos pensando   más con el corazón que con la razón, es decir, sin atender razonamientos ciertos o inventado, y los del NO ganaron el plebiscito  razonando verdades al igual que  creyendo embustes,  qué tanto es soportarnos debates del Congreso -  donde priman los interés de ellos  y no los nuestros -  con tal de que más temprano que tarde llegue por fin la tranquilidad a las regiones que han soportado tanto dolor.

Menos mal la diferencia entre votantes por el Si y el NO es tan pequeña. Gracias a ese resultado, renuevo esperanzas y confío en que sin triunfalismos se reconozca que,  si vale el NO pues superó al Si,  el Si también cuenta por su alta votación. Vale la pena   conciliar verdaderamente, para que  todo el país gane.