Con sabia templanza, diría yo, Vargas Lleras frente a los acuerdos con las
FARC demostró un admirable sentido práctico y sagacidad política. Por lo discreto que estuvo para apoyar el Si,
interpreto que tuvo serias reservas con
respecto a lo que podría ser finalmente el resultado del plebiscito; su parquedad
tan criticada, al preguntársele sobre el tema, ocultaba tal vez el presentir que,
el triunfo del gobierno no estaba
asegurado.
Los sentimientos triunfalistas
que recogemos hoy, expresados en memes poco lúcidos, ordinarios, desentonados, similares a los que nos cansaron
hasta ayer día del plebiscito, debilitan las manifestaciones serenas,
conciliadoras e inteligentes, que se oyeron anoche después de conocer los
resultados del plebiscito, y por
supuesto se contraponen a los mensajes también recibidos por las redes, tanto
durante la campaña como hoy, positivos,
inteligentes, finos, geniales, limpios, de uno y otro lado.
Creo que las motivaciones que
llevaron a quienes nos desplazamos este
domino 2 de octubre, a votar por una u otra opción, fueron más allá de la
simple afirmación: “Colombia votó NO para apoyar a Uribe contra
de Santos” aunque en algunos sí cabe esa sentencia, según los memes que se inventaron o
compartieron. Por otra parte, decir que
los del Sí, votamos engañados por Santos, es absurdo. Nos movieron sentimientos
solidarios más que razonamientos ciertos o falaces.
Estaba claro
que se votaría lo acordado con las FARC, por lo tanto esto, y solo esto, estaba sujeto a aprobación o no en el plebiscito,
la confusión fue a otro nivel, tanto que,
casi un 63% resolvió abstenerse de ir a las urnas pues las campañas no fueron
trasparentes y el intento pedagógico peso menos que lo compartido en las redes.
Al saberse que los colombianos
votaron tan parejo, lo primero que se derrumbó fue el sofisma que anticipaba un
triunfo aplastante del Sí, argumentando que
habría trampas y chanchullos por parte
del gobierno y sus instituciones encargadas de los registros electorales; al
igual se vino al piso el distractor
absurdo que sentencia: La mitad de los
colombianos ama a Uribe y la otra mitad lo odia.
Los resultados, a mi juicio, no
tienen que ver en un ciento por ciento con estos dos señores, más bien con la
razón y los sentimientos. Mejor dicho, en el NO, tuvo mucho peso lo difusión de argumentos mañosos; en la decisión por el Sí, poco tuvo que ver el santismo. El
resultado por el Si, se le debe a los
ciudadanos, no a los políticos precisamente.
De todas maneras, el Presidente
J. M. Santos tiene los méritos que los uribistas quieren negar al desconocerle su perseverancia en favor de una negociación que
consiguiera la dejación de las armas por parte de los grupos guerrilleros. Cuando aseguran desde el CD que lo único que mueve a
Santos es el Premio Nobel de Paz, están acudiendo a sus ya sabidas argucias
para incautos, una entre tantas que fueron el soporte de la campaña negativa al
plebiscito. Es posible que lo quiera, pero no es su única ni primera
pretensión.
Claro que Uribe tuvo mucho que
ver con el triunfo del NO, sus leales devotos hicieron juiciosos la tarea,
siguieron al pie de la letra el libreto
y con sus teorías convencieron. Pero no
se puede ignorar que también hubo posiciones aportantes al desacuerdo, porque racionalmente veían inaceptable lo
concedido a los de las FARC, convirtiéndose en un gran número de opositores a
los acuerdos, sin ser seguidores del
exmandatario y Senador.
Para el caso de muchos votantes
por el NO en las regiones limítrofes con Venezuela, creo que el estar tan cerca, palpar, vivir en algunos casos, las fatalidades de un régimen como el de
Maduro, les hizo participar sumando a la inconformidad, motivados por el pavor a un sistema Comunista.
Particularmente no creo que ese haya sido un argumento con sólidos fundamentos,
pero quienes lo creyeron tenían razón en sus temores.
En las poblaciones más pobres de
Colombia como el Chocó y el Cauca, o de
más inequidad como la Guajira, al igual
que en otras golpeadas terriblemente por
los grupos guerrilleros, en donde padecen además las indecencias y fangos de la
corrupción, los habitantes expresaron sus esperanzas votando por el Sí. Por estos,
al igual que por los campesinos que hoy ya
sienten sus anhelos legítimos desvanecerse, así como por los jóvenes entusiastas del Si, siento verdadero dolor de patria. Sus
ilusiones se esfumaron.
Además de sentirme triste por el
resultado, aunque no tanto asombrada pues lo presentía, ayer me sentí
molesta al observar algo que me irritó: Si
no era por la construcción de la paz por lo que se preguntaba en el plebiscito,
argumento orquestado profusamente para respaldar el NO, habría que decir, que tampoco era para confirmar el mandato de
Santos por lo que se hizo la consulta; por lo tanto “NO más Santos, NO más
Santos…”me sonaba como fuera de lugar anoche cuando lo pasaron por televisión
desde la sede del CD en Bogotá, esa
reacción de los uribistas me impacientó.
“Queremos la paz, queremos la paz…” en cambio, me conmovía en boca de la juventud que se motivó
a participar en el plebiscito de manera
entusiasta pero sobre todo espontanea, respondiendo
a deseos sinceros de conocer lo que les ha negado generación tras generación; ellos,
los jóvenes por el Si, al finalizar las votaciones de ayer, se
aglomeraron en los alrededores del Teatro Pablo Tobón de la capital antioqueña,
para expresar su anhelo y llorar su desilusión.
No creo que una renegociación sea
tan fácil como dicen los del NO, y no lo
creo simplemente porque a Uribe, así y todo tenga el alma bondadosa y el corazón grande que aseguran
sus creyentes, le puede más la rabia contra Santos que la generosidad por
Colombia. Considero, más bien, que debemos prepararnos para unos debates en
el Congreso muy encendidos. Ese es el escenario de la clase política que “representa”
las distintas tendencias; sentados en
sus respectivas curules, posiblemente van a resolver políticamente, lo que
negociado bajo otros criterios, se firmó el 26 de septiembre de 2016, pero el
pueblo colombiano no lo acogió plenamente.
Si estábamos decididos a tragarnos sapos pensando más con el corazón que con la razón, es decir,
sin atender razonamientos ciertos o inventado, y los del NO ganaron el
plebiscito razonando verdades al igual
que creyendo embustes, qué tanto es soportarnos debates del Congreso -
donde priman los interés de ellos y no los nuestros - con tal de que más temprano que tarde llegue por
fin la tranquilidad a las regiones que han soportado tanto dolor.
Menos mal la diferencia entre
votantes por el Si y el NO es tan pequeña. Gracias a ese resultado, renuevo
esperanzas y confío en que sin triunfalismos se reconozca que, si vale el NO pues superó al Si, el Si también cuenta por su alta votación. Vale
la pena conciliar verdaderamente, para que todo el país gane.