Una
de las cuatro “patas” en las que se sostiene una campaña política es la
Estrategia; Equipo, Financiación y
Discurso, son las otras tres.
Lo
que recién se destapó, sobre la estrategia tal vez recomendada por asesores internacionales
y presumiblemente aceptada y puesta en marcha por el Centro Democrático (CD) para
oponerse a lo acordado en La Habana, pues la verdad no me asombra. Por lo demás,
creo no equivocarme al pensar que la “confesada” del doctor Juan Carlos Vélez, obedeció
más a su honestidad, que a un deseo de
protagonismo como lo dio a entender su jefe político al regañarle públicamente.
En
todo caso, me atrevo a sugerir más bien que, en vez de acudir al lastimero “No puede ser
semejante engaño”, el asunto dé para
enriquecer los temas de opinión pública en las universidades; de suerte que, colegas
y otros profesionales que ofician como
docentes en áreas afines a la Comunicación Social, la Comunicación Pública, la
Propaganda, el Marketing Político, o en la formación de politólogos, traten de
no perderse detalles que se ventilen por
estos días sobre el asunto, creo que les serán muy útiles para que al estructurar
el modulo Estrategia de Campaña, echen mano del excelente material por su valor
ilustrativo.
Estoy
segura de que un análisis juicioso desde la
academia, para charlas y talleres, puede resultar fascinante partiendo
del modelo implementado por el CD para la tergiversación de los contenidos que
se aprobarían o no, el 2 de octubre.
No
pretendo calificar de manipuladores a los directivos del CD que parece ser,
impartieron la orden de sembrar, sectorialmente, el miedo a enfrentar
situaciones que mostraron como seguras consecuencias de ser aprobados los
acuerdos.
Toda
estrategia política, de alguna manera, “manipula” para posicionarse en la mente
del potencial votante. Captar votos cautivando con el discurso del líder, los legitimadores y los
miembros del equipo, es el objetivo. Las tácticas deben ser mañosas e
implementarlas según los nichos de interés específico, es la genialidad del estratega.
El
libreto se creó, el líder y su equipo lo estudiaron y lo siguieron al pie de la
letra, así que desde luego, funcionó. Esa es una fortaleza del CD, la disciplina.
Casi todos los principios de la propaganda, axiomas de Goebbels el estratega de
Hitler, se pusieron en práctica en Colombia para la campaña del NO al
plebiscito.
Ganó
el NO, por estrecho margen pero ganó. Eso significa que no se implementan los
acuerdos de La Habana firmados el 26 de septiembre; aunque renace una luz de
esperanza si creemos que son sinceros los acercamientos entre los líderes de la
clase política colombiana, quienes
durante esta semana han expresado el interés de conciliar los intereses que los
pusieron en orillas opuestas.
Eso
es en esencia una negociación: Llegar a un
acuerdo duradero que satisfaga las partes en conflicto, las cuales, tienen voluntad de
acercamiento para ajustar posiciones pues se tienen los mismos intereses, y por lo tanto,
están dispuestas a ceder algo para obtener algo. Ahora, aparentemente, el interés
si es el mismo: La Paz. (Antes del 2 de octubre el interés de los del NO era
desprestigiar los contenidos de lo acordado).
Gobierno-FARC llegaron a los acuerdos al final de una larga negociación.
La guerrilla siempre ha tenido a favor en las negociaciones, el tiempo. “Tómelo o déjelo” tal vez ha sido su posición
anterior; por su parte los gobiernos siempre han tenido afán, los periodos de
los mandatarios de turno son fijos y eso los limitaba. Santos tuvo a favor la reelección,
eso le permitió gozar de una ventaja muy
valiosa con relación a los anteriores mandatarios, a excepción de Uribe. (Pero
la prioridad de Uribe no era la paz sino la llamada Seguridad Democrática).
Evidencio dos grandes dificultades en la aplaudida reconciliación
Santos-Uribe. Una que parece irreconciliable y es precisamente el factor
tiempo. Santos tiene afán, Uribe en
cambio dice que si se demoraron 6 años para los acuerdos negados el 2 de
octubre, por qué ahora deben darse
conversaciones aceleradamente.
A mi modo de ver, parece más bien que el exmandatario quiere extenderse
en el tiempo para salir en vísperas de las próximas elecciones para presidente,
como el redentor de la paz, mientras Santos, obviamente, no quiere que le
quieten los méritos que le corresponden.
Por otra parte, las FARC no quieren ceder más de lo ya acordado.
Así las cosas se sospechan grandes
dificultades para lograr que los colombianos recuperemos las ilusiones fundadas
en un país tranquilo, en el mediano
plazo, en lo que respecta al conflicto con la guerrilla de las FARC.
Son dos etapas entonces de nuevos acuerdos sobre la mesa: La
primera que se busca implementar, arrancó
esta semana con la reconciliación entre Santos y Uribe, esta será activada con
los acercamientos entre los representantes del Gobierno y los delegados por las
distintas corrientes del NO. Si acaso prospera (es lo deseado) al llegar a tales
pactos tendrá que darse la segunda fase del asunto: Presentar los nuevos acuerdos
para negociar con las FARC.
En aquella primera fase, se presume que se harán ajustes a
cada capítulo según los reparos que dijeron tener los líderes del NO. Tales
modificaciones a lo ya firmado, pero no aceptado por el pueblo colombiano tal
cual, se aspira a que sea el punto de partida
para ajustar en un tiempo razonable.
Hay otro escenario para aprobar nuevos acuerdos, el Congreso.
Esta posibilidad, según comentarios de lado y lado, parece ser el que finalmente
prospere. No es el mejor sin duda, desde el punto de vista de la participación
ciudadana. Esta oportunidad se nos escapó el domingo 2 de octubre.
Desdichadamente no siento franqueza por los lados de las
altas esferas que rodearon el Si y el NO y ahora posan de mejores amigos. Me encanta en cambio la
espontaneidad de los jóvenes sinceramente unidos para marchar reclamando paz aunque
el domingo 2 de octubre estuvieron apoyando una u otra de las corrientes en
conflicto. Y es que son ellos, esas generaciones que conducirán la Colombia del
mañana, quienes esperan hacerlo bajo condiciones distintas a las que enmarcan nuestra historia política y
social de muchos años atrás, hasta el momento.