jueves, 6 de octubre de 2016

EXITOSA ESTRATEGIA



Una de las cuatro “patas” en las que se sostiene una campaña política es la Estrategia;  Equipo, Financiación y Discurso, son las otras tres.

Lo que recién se destapó, sobre la estrategia tal vez recomendada por asesores internacionales y presumiblemente aceptada y puesta en marcha por el Centro Democrático (CD) para oponerse a lo acordado en La Habana, pues la verdad no me asombra. Por lo demás, creo no equivocarme al pensar que la “confesada” del doctor Juan Carlos Vélez, obedeció más a su honestidad, que  a un deseo de protagonismo como lo dio a entender su jefe político al regañarle públicamente.

En todo caso, me atrevo a sugerir más bien que,  en vez de acudir al lastimero “No puede ser semejante engaño”,  el asunto dé para enriquecer los temas de opinión pública en las universidades; de suerte que, colegas y  otros profesionales que ofician como docentes en áreas afines a la Comunicación Social, la Comunicación Pública, la Propaganda, el Marketing Político, o en la formación de politólogos, traten de no perderse  detalles que se ventilen por estos días sobre el asunto, creo que les serán muy útiles para que al estructurar el modulo Estrategia de Campaña, echen mano del excelente material por su valor   ilustrativo.

Estoy segura de que un análisis juicioso desde la  academia, para charlas y talleres, puede resultar fascinante partiendo del modelo implementado por el CD para la tergiversación de los contenidos que se aprobarían o no, el 2 de octubre.

No pretendo calificar de manipuladores a los directivos del CD que parece ser, impartieron la orden de sembrar, sectorialmente, el miedo a enfrentar situaciones que mostraron como seguras consecuencias de ser aprobados los acuerdos.

Toda estrategia política, de alguna manera, “manipula” para posicionarse en la mente del potencial votante. Captar votos cautivando con  el discurso del líder, los legitimadores y los miembros del equipo, es el objetivo. Las tácticas deben ser mañosas e implementarlas según los nichos de interés específico,  es la genialidad del estratega.

El libreto se creó, el líder y su equipo lo estudiaron y lo siguieron al pie de la letra, así que desde luego, funcionó. Esa es una fortaleza del CD, la disciplina.  Casi todos los principios de la propaganda, axiomas de Goebbels el estratega de Hitler, se pusieron en práctica en Colombia para la campaña del NO al plebiscito.

Ganó el NO, por estrecho margen pero ganó. Eso significa que no se implementan los acuerdos de La Habana firmados el 26 de septiembre; aunque renace una luz de esperanza si creemos que son sinceros los acercamientos entre los líderes de la clase política colombiana,  quienes durante esta semana han expresado el interés de conciliar los intereses que los pusieron en orillas opuestas.

Eso es en esencia una negociación: Llegar a un acuerdo duradero que satisfaga las  partes  en conflicto, las cuales, tienen voluntad de acercamiento para ajustar posiciones pues se   tienen los mismos intereses, y por lo tanto, están dispuestas a ceder algo para obtener algo. Ahora, aparentemente, el interés si es el mismo: La Paz. (Antes del 2 de octubre el interés de los del NO era desprestigiar los contenidos de lo acordado).

Gobierno-FARC llegaron a los acuerdos al final de una larga negociación. La guerrilla siempre ha tenido a favor en las negociaciones, el tiempo.  “Tómelo o déjelo” tal vez ha sido su posición anterior; por su parte los gobiernos siempre han tenido afán, los periodos de los mandatarios de turno son fijos y eso los limitaba. Santos tuvo a favor la reelección, eso le permitió  gozar de una ventaja muy valiosa con relación a los anteriores mandatarios, a excepción de Uribe. (Pero la prioridad de Uribe no era la paz sino la llamada Seguridad Democrática).

Evidencio dos grandes dificultades en la aplaudida reconciliación Santos-Uribe. Una que parece irreconciliable y es precisamente el factor tiempo.  Santos tiene afán, Uribe en cambio dice que si se demoraron 6 años para los acuerdos negados el 2 de octubre, por qué ahora  deben darse conversaciones aceleradamente.

A mi modo de ver, parece más bien que el exmandatario quiere extenderse en el tiempo para salir en vísperas de las próximas elecciones para presidente, como el redentor de la paz, mientras Santos, obviamente, no quiere que le quieten los méritos que le corresponden.

Por otra parte, las FARC no quieren ceder más de lo ya acordado. Así las cosas se  sospechan grandes dificultades para lograr que los colombianos recuperemos las ilusiones fundadas en  un país tranquilo, en el mediano plazo, en lo que respecta al conflicto con la guerrilla de las FARC.  

Son dos etapas entonces de nuevos acuerdos sobre la mesa: La primera que se busca implementar,  arrancó esta semana con la reconciliación entre Santos y Uribe, esta será activada con los acercamientos entre los representantes del Gobierno y los delegados por las distintas corrientes del NO. Si acaso prospera (es lo deseado) al llegar a tales pactos tendrá que darse la segunda fase del asunto: Presentar los nuevos acuerdos para negociar  con las  FARC.

En aquella primera fase, se presume que se harán ajustes a cada capítulo según los reparos que dijeron tener los líderes del NO. Tales modificaciones a lo ya firmado, pero no aceptado por el pueblo colombiano tal cual,  se aspira a que sea el punto de partida para ajustar en un tiempo razonable.

Hay otro escenario para aprobar nuevos acuerdos, el Congreso. Esta posibilidad, según comentarios de lado y lado, parece ser el que finalmente prospere. No es el mejor sin duda, desde el punto de vista de la participación ciudadana. Esta oportunidad se nos escapó el domingo 2 de octubre.


Desdichadamente no siento franqueza por los lados de las altas esferas que rodearon el Si y el NO y ahora posan  de mejores amigos. Me encanta en cambio la espontaneidad de los jóvenes sinceramente unidos para marchar reclamando paz aunque el domingo 2 de octubre estuvieron apoyando una u otra de las corrientes en conflicto. Y es que son ellos, esas generaciones que conducirán la Colombia del mañana, quienes esperan hacerlo bajo condiciones distintas a las  que enmarcan nuestra historia política y social de muchos años atrás, hasta el momento.