domingo, 10 de febrero de 2019

PARA LOS VOTOS FUTUROS SE BUSCAN DEVOTOS AHORA



Por: Claudia Posada

¿Si será posible que un mandatario regional, como es el caso del gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, despotrique de directivos y profesionales de esa gran empresa EPM, sin medir consecuencias? Salir a los medios de comunicación para referirse a los acontecimientos que se suceden en el Proyecto Hidroeléctrico Ituango, en claros términos destemplados, como estrategia para ganar simpatía y devotos, y por lo consiguiente votos en sus futuras aspiraciones, suena increíble, pero es lo que se asegura sobre el gobernante de los antioqueños.

“…sobre lo que el mandatario Pérez Gutiérrez denomina, errores constructivos que tanto dolor están generando para la gente”, es una de las frases que puede extraerse entre otras similares, contenidas en boletines para los medios; oír en las grabaciones para la prensa, que el propio gobernador afirma: “les he rogado que paren los errores constructivos”, atemoriza.

En los mismos llamados de atención públicos, palabras más, palabras menos, el gobernador Pérez Gutiérrez manifiesta que EPM suscita catástrofes y “novedades que siempre son negativas”, “… por lo que habrá que indemnizar a la gente para que el sufrimiento no sea tan grande”. Así, con perplejidad obvia, todos queremos saber exactamente cuál es la situación espantosa en la que EPM   - “EPM constructor de la obra” reiterado por el doctor Luis Pérez- abandonó a las comunidades.

Entonces, al reconocer que se han presentado momentos muy críticos para el proyecto, entendemos que no se trata de riesgos dejados a la buena de Dios, tampoco creemos que han sido “construidos con el dolor de la gente”, y mucho menos que son “problemas humanos” por incompetencia, ineptitud, torpeza o inexperiencia; simplemente una mega obra, precisamente por su magnitud, implica decisiones tácticas y técnicas de alta responsabilidad que den respuesta oportuna y eficaz a las contingencias.

Por lo tanto, a todas luces es preferible la prudencia - que no es mentir- para no complicar las cosas. A las comunidades confundidas les conviene la serenidad y seriedad, de quien canaliza o concentra la información completa y veraz que recibe de sus colaboradores en todos los frentes, y que es materia prima para convertirla a contenidos que entrega a los medios de comunicación, para que estos a su vez las hagan saber.

Ese tipo de posturas maliciosas que surgen de estrategias inicuas (no inocuas), para desvirtuar decisiones y ganar réditos en benéfico propio, no de las comunidades, o para desprestigiar personalidades que no les son gratas, es reprochable por inconveniente cuando se trata de dar un parte de plena tranquilidad, o de prevención y alerta, sin desasosiegos.

No tiene sentido hacer dudar del estoicismo de un gerente que está resolviendo con su gente serios problemas, porque las comunidades, tal vez, no dimensionan la magnitud de una obra como la Hidroeléctrica Ituango, la que traerá inmensos beneficios para Antioquia y el país. Crear temores colectivos es desacertado; propiciar confrontaciones públicas es inadecuado en este caso,  y puede ser un arma de doble filo.  

Si desde los inicios de la mega obra no hubo restricciones, no se prohibió terminantemente poblar las riberas del Cauca en todo su recorrido; no se respetaron leyes, decretos, ordenanzas y acuerdos haciéndolos cumplir estrictamente, qué venimos ahora a rasgarnos las vestiduras porque el río está siendo “asesinado”. Quebradas y ríos en Colombia son heridos de muerte de manera cotidiana al infringir normas, por un lado, y no sancionar actividades como es el deber de las autoridades correspondientes, por el otro.

Somos muy afortunados con nuestra riqueza hídrica, y no es ningún pecado buscar el crecimiento económico y el desarrollo sostenible, desde ese potencial. Pero sin Educación y sin consciencia, apenas sí buscamos cómo saciarnos hoy, aunque sea de manera desordenada y abusiva, sin medir las consecuencias a futuro. Entre ilegales e ignorantes, se escurren los recursos en Colombia.

La Naturaleza es atropellada sin compasión, no hay duda alguna. A muchos de los habitantes que reclaman derechos, y son defendidos sin observar sus abusos en contra de los recursos naturales, les cabe perfectamente su parte de responsabilidad en el deterioro que se presenta en quebradas y ríos. “Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro”. De ahí que sea tan inconveniente disociar desde el gobierno mismo, en vez de socializar para darle espacio a la serenidad expectante. 

Posturas radicales como impedir exploraciones y explotaciones mineras argumentando la defensa ambiental, al igual que pretender frenar la ejecución de proyectos como una gran hidroeléctrica, es ignorar que el desarrollo y el respeto por el medio ambiente pueden ir de la mano si hay conciencia, responsabilidad, vocación y entereza para defender sin atropellar y progresar sin alcaldadas.

“Nos mataron el Río”, dijo un alcalde de la zona que en unos años será fuente inmensa de progreso, siempre y cuando todo mandatario local o regional, en su momento, actúe con sensatez, haga respetar los límites que están siendo trasgredidos desde años atrás, y conduzca a sus gobernados sin aspavientos oportunistas.