Por: Claudia Posada
¿Si será posible que un mandatario regional, como
es el caso del gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, despotrique de
directivos y profesionales de esa gran empresa EPM, sin medir consecuencias? Salir
a los medios de comunicación para referirse a los acontecimientos que se
suceden en el Proyecto Hidroeléctrico Ituango, en claros términos destemplados,
como estrategia para ganar simpatía y devotos, y por lo consiguiente votos en
sus futuras aspiraciones, suena increíble, pero es lo que se asegura sobre el gobernante
de los antioqueños.
“…sobre lo que el mandatario Pérez Gutiérrez
denomina, errores constructivos que tanto dolor están generando para la gente”,
es una de las frases que puede extraerse entre otras similares, contenidas en
boletines para los medios; oír en las grabaciones para la prensa, que el propio
gobernador afirma: “les he rogado que paren los errores constructivos”, atemoriza.
En los mismos llamados de atención públicos,
palabras más, palabras menos, el gobernador Pérez Gutiérrez manifiesta que EPM suscita
catástrofes y “novedades que siempre son negativas”, “… por lo que habrá que
indemnizar a la gente para que el sufrimiento no sea tan grande”. Así, con
perplejidad obvia, todos queremos saber exactamente cuál es la situación
espantosa en la que EPM - “EPM
constructor de la obra” reiterado por el doctor Luis Pérez- abandonó a las
comunidades.
Entonces, al reconocer que se han presentado
momentos muy críticos para el proyecto, entendemos que no se trata de riesgos
dejados a la buena de Dios, tampoco creemos que han sido “construidos con el dolor
de la gente”, y mucho menos que son “problemas humanos” por incompetencia,
ineptitud, torpeza o inexperiencia; simplemente una mega obra, precisamente por
su magnitud, implica decisiones tácticas y técnicas de alta responsabilidad que
den respuesta oportuna y eficaz a las contingencias.
Por lo tanto, a todas luces es preferible la
prudencia - que no es mentir- para no complicar las cosas. A las comunidades
confundidas les conviene la serenidad y seriedad, de quien canaliza o concentra
la información completa y veraz que recibe de sus colaboradores en todos los
frentes, y que es materia prima para convertirla a contenidos que entrega a los
medios de comunicación, para que estos a su vez las hagan saber.
Ese tipo de posturas maliciosas que surgen de
estrategias inicuas (no inocuas), para desvirtuar decisiones y ganar réditos en
benéfico propio, no de las comunidades, o para desprestigiar personalidades que
no les son gratas, es reprochable por inconveniente cuando se trata de dar un parte
de plena tranquilidad, o de prevención y alerta, sin desasosiegos.
No tiene sentido hacer dudar del estoicismo de un
gerente que está resolviendo con su gente serios problemas, porque las
comunidades, tal vez, no dimensionan la magnitud de una obra como la
Hidroeléctrica Ituango, la que traerá inmensos beneficios para Antioquia y el
país. Crear temores colectivos es desacertado; propiciar confrontaciones
públicas es inadecuado en este caso, y puede ser un arma de doble filo.
Si desde los inicios de la mega obra no hubo
restricciones, no se prohibió terminantemente poblar las riberas del Cauca en
todo su recorrido; no se respetaron leyes, decretos, ordenanzas y acuerdos
haciéndolos cumplir estrictamente, qué venimos ahora a rasgarnos las vestiduras
porque el río está siendo “asesinado”. Quebradas y ríos en Colombia son heridos
de muerte de manera cotidiana al infringir normas, por un lado, y no sancionar
actividades como es el deber de las autoridades correspondientes, por el otro.
Somos muy afortunados con nuestra riqueza
hídrica, y no es ningún pecado buscar el crecimiento económico y el desarrollo
sostenible, desde ese potencial. Pero sin Educación y sin consciencia, apenas
sí buscamos cómo saciarnos hoy, aunque sea de manera desordenada y abusiva, sin
medir las consecuencias a futuro. Entre ilegales e ignorantes, se escurren los
recursos en Colombia.
La Naturaleza es atropellada sin compasión, no
hay duda alguna. A muchos de los habitantes que reclaman derechos, y son
defendidos sin observar sus abusos en contra de los recursos naturales, les
cabe perfectamente su parte de responsabilidad en el deterioro que se presenta
en quebradas y ríos. “Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro”.
De ahí que sea tan inconveniente disociar desde el gobierno mismo, en vez de
socializar para darle espacio a la serenidad expectante.
Posturas radicales como impedir exploraciones y
explotaciones mineras argumentando la defensa ambiental, al igual que pretender
frenar la ejecución de proyectos como una gran hidroeléctrica, es ignorar que
el desarrollo y el respeto por el medio ambiente pueden ir de la mano si hay
conciencia, responsabilidad, vocación y entereza para defender sin atropellar y
progresar sin alcaldadas.
“Nos mataron el Río”, dijo un alcalde de la zona
que en unos años será fuente inmensa de progreso, siempre y cuando todo
mandatario local o regional, en su momento, actúe con sensatez, haga respetar
los límites que están siendo trasgredidos desde años atrás, y conduzca a sus
gobernados sin aspavientos oportunistas.