martes, 23 de junio de 2015

HOMENAJE A MILONGA



Las líneas de  hoy son un homenaje a mi Milonga, pero no precisamente a ese ritmo popular, particularmente de las zonas de Uruguay y  Buenos Aires cercanas a La Plata, ese que con sus notas  alegres,  distintas a las del tango, cuenta historias de pasiones y sentimientos,  así como entre nosotros lo hace el Vallenato.

Mi Milonga fue durante siete años mi compañera,  y de los  cinco felinos que me han acompañado,   la  preferida por su apego a mi presencia;  porque a diferencia de lo que comúnmente se dice de los felinos domésticos, los gatos,  ella fue casera y nada independiente. Tango en cambio, como todos los demás gaticos que he tenido, aparte de Milonga, fue fiel a los instintos,   corría a su antojo por entre la naturaleza que rodea la casa donde me hizo feliz; desafortunadamente su existencia fue muy corta por un absurdo percance y en esas mismas  montañas   está enterrado.

Milonga cumpliría este 24 de junio ocho años,  justamente le puse ese nombre porque me llegaron con ella  recién nacida  en la fecha que conmemora la vida y muerte de   Carlos Gardel.  Milonga pasó sus últimos añitos como gata citadina,  a pesar de nosotras y  por circunstancias ajenas a ella y a mí; y digo que no era su voluntad venirse a la ciudad pues estoy segura de que disfrutaba tanto divisar desde la montaña a mi lado, como yo de su compañía. Juntas mirábamos en las noches la luna y las estrellas.

Una hepatitis severa,  consecuencia de la Leucemia que padecía Milonga, hizo que tuviera que despedirme de ella el 10 de junio reciente. Luego de estar hospitalizada tres días en una clínica veterinaria cerca a mí casa, en la 30 con la 80, sector de Belén, a donde la llevé en muy mal estado queriendo que llegáramos rápido,  sin conocer ese establecimiento previamente.

Tengo que contar esta parte de mi dolor porque el homenaje a Milonga, la gratitud a mi “Milonguis”,  consiste precisamente en hacer énfasis en la importancia de las prevenciones y cuidados para con nuestras amadas mascotas, y en llamar la atención sobre algunos sitios en donde abusan de la incertidumbre  de quienes llegamos allí presos de  la angustia que nos produce la impotencia de no saber qué está sintiendo  nuestro animalito de compañía.

A  mi modo de ver las cosas ahora,  con  cabeza fría,  una vez los veterinarios conocieron los resultados de los  exámenes de laboratorio de Milonga y la ecografía de estómago, deberían haberme sugerido la eutanasia, creo que podrían haberse evitado muchos sufrimientos de ella,  y falsas expectativas en mí  con relación a su esperanza de vida.  Pero no, la sugerencia me la hicieron después de una noche angustiosa en la que se le hizo  transfusión, luego de un largo día esperando el ayuno de Emilio, el gato donante que es una de las mascotas de Gloria Zuluaga, amiga y colega a quien le agradezco de todo corazón su noble gesto de sincera amiga.

Mi colega creía como yo, que la sangre de su robusto y joven felino, devolvería, al menos por un tiempo, la salud a mi Milonga, por eso no dudó en ofrecérmelo a pesar de los riesgos de la anestesia y eventualidades que pueden presentarse por el pinchazo en la yugular.

Gloria tenía una noble motivación: apaciguar mi dolor; además  plena confianza en su mascota. Efectivamente Emilio cumplió su misión perfectamente, sin contratiempos salió muy bien  de ella,  y sigue haciendo feliz a mi amiga.

Milonga de todas maneras iba a morir allí mismo, con transfusión o sin ella pues sus condiciones eran fatales. Pasarle sangre a un gato con Leucemia es  absolutamente recomendable en muchos casos; así como tratar de alargar un poco su existencia  con la mejor calidad de vida posible por algún  tiempo  o por varios años  bien vale la pena intentarlo. Pero de ahí, a que ya teniendo  unos resultados definitivos, se proceda a ofrecer como clínica especializada procedimientos innecesarios para el caso y costosos en todo sentido, es una cruel falta de ética profesional  que debemos reprochar  y a la que debemos estar atentos.