A
propósito de los actos de posesión de los mandatarios local y seccional,
llevados a cabo ayer en Medellín, creo interesante llamar la atención sobre un
tema que se cree “pasó de moda”: El protocolo oficial.
Las
normas a seguir en toda ceremonia pública, y en las privadas presididas por
personalidades del sector oficial, o con presencia de ellas siempre y cuando
sea en razón del cargo público que ostentan, tienen su razón de ser, por lo
tanto no son del capricho del funcionario de turno.
El
protocolo oficial por lo tanto no debe ignorarse, y aunque en algunos
escenarios oficiales se deben observar
con mayor rigurosidad, como en la diplomacia, tenerlo en cuenta es respetar las
instituciones del Estado representadas
en unos personajes que ostentan cargos de dignidad por designación o por
elección popular.
Lo
señalado en el protocolo oficial debe cumplirse conforme a lo señalado en los decretos
respectivos, así como debe conocerse y aplicarse el protocolo eclesiástico,
militar y el deportivo, por parte de los encargados de la organización de las
ceremonias institucionales correspondientes.
En
cambio, hay reglas de aconsejable acatamiento, no de obligatorio cumplimiento, son
las que se enmarcan en la etiqueta social, aquellas
que el comportamiento individual acoge por formación, por el entorno, o por refinamiento propio. Aquí cabe recordar
que las buenas maneras en la ciudad
(Urbanidad) si se acatarán y se trasladaran a toda actividad social, urbana o
no, harían la vida más llevadera. Si las
incorporáramos al modo de relacionarnos con los demás en todos los espacios de
la sociedad: oficiales, familiares, de vecinos, de compañeros, etc. reinaría la
armonía tan necesaria para derrotar la agresividad que se está, lamentablemente,
imponiendo.
El
protocolo oficial está establecido nacionalmente por decreto en cada país, y se
asume para los actos locales y seccionales homologando dignidades, cargos y representaciones
para las precedencias del caso.
Por
lo anterior, es por lo que recomiendo en los cargos que generalmente ocupan
comunicadores sociales, la exigencia de que tales profesionales no descuiden
este formalismo que, reitero, no se trata de honores a las personas sino a las
instituciones que representan; así como las banderas son el símbolo de la Patria
y por ello han de ser dispuestas con impecable observancia del protocolo que
corresponde.
Las
banderas en todo recinto y acto oficial, deben conservarse además de limpias y
en perfecto estado (ni arrugadas, ni rotas, ni arrastrando) en el orden
establecido en razón del territorio que simboliza o institución que representa; por lo tanto, si no se conoce y acatan las precedencias de
acuerdo con el protocolo oficial, se
cometen errores pésimos, iguales o peores a los cometidos ayer en los actos de
posesión de nuestros nuevos mandatarios.