sábado, 2 de enero de 2016

LOS "JUDAS" NUNCA SE ERRADICARÁN

Como muy bien lo señala el Editorial de hoy en El Colombiano, el reto del nuevo Alcalde de la capital antioqueña, Federico Gutiérrez, se trata de una “Misión superior en una ciudad que busca eliminar alianzas siniestras”. Y enraizadas agregaría yo.

Erradicar el mal al que se refiere el medio antioqueño, no es un desafío muy difícil de lograr, es más bien imposible. A mi modo de ver (y no por simple pesimismo o desconfianza frente al nuevo mandatario) son varias las razones que hacen de ese propósito un objetivo inalcanzable: Cogió mucha ventaja, las alianzas son además de perversas,  inescrupulosas,  o son obligadas; y lo peor es que la ambición, como madre de la corruptela, engendra la traición. (Traición que no es precisamente de los amigos, es a los principios que se juran  respetar por encima inclusive de la propia vida).

Romper aquellas cadenas de ambición, las que en algunos casos están mezcladas con el miedo o la amenaza, y meterse con quienes actúan soterradamente encubriendo verdaderos fines, es como tratar de sacarle el veneno a una serpiente a punta de besos,  o arrancarle la piel a un lobo hambriento con mensajes subliminales.

Creo en Federico Gutiérrez y en su palabra; él sigue siendo un político distinto, afable, descomplicado y lleno de buenas intenciones para bien de Medellín y sus habitantes; a él no le interesan las metas egoístas que a veces obnubilan a los mandatarios, quiere logros para satisfacciones colectivas, pero si su gran reto es “eliminar alianzas siniestras” en ese aspecto lamentablemente va a  fracasar; hasta al propio Jesucristo le iba quedando duro cumplir su plan porque se le infiltró Judas.

“Judas”  hay bastanticos en las instituciones que son grupos de apoyo para el éxito en la gestión de un mandatario; no quiero decir que son asimilables al equipo de  los 12 apóstoles de aquel entonces pues se creerá que me refiero al gabinete, no;  los inmediatos colaboradores del Alcalde “Fico” se me hacen bastante buenos, tal vez una o dos excepciones que las veo como un “descache”,  aunque no grave, y mucho menos como peligrosas designaciones.