Como muy bien lo señala el Editorial de hoy en El Colombiano, el reto
del nuevo Alcalde de la capital antioqueña, Federico Gutiérrez, se trata de una
“Misión superior en una ciudad que busca eliminar alianzas siniestras”. Y
enraizadas agregaría yo.
Erradicar el mal al que se refiere el medio antioqueño, no es un desafío
muy difícil de lograr, es más bien imposible. A mi modo de ver (y no por simple
pesimismo o desconfianza frente al nuevo mandatario) son varias las razones que
hacen de ese propósito un objetivo inalcanzable: Cogió mucha ventaja, las
alianzas son además de perversas, inescrupulosas, o son
obligadas; y lo peor es que la ambición, como madre de la corruptela, engendra
la traición. (Traición que no es precisamente de los amigos, es
a los principios que se juran respetar por encima inclusive de la
propia vida).
Romper aquellas cadenas de ambición, las que en algunos casos están
mezcladas con el miedo o la amenaza, y meterse con quienes actúan
soterradamente encubriendo verdaderos fines, es como tratar de sacarle el
veneno a una serpiente a punta de besos, o arrancarle la piel a un
lobo hambriento con mensajes subliminales.
Creo en Federico Gutiérrez y en su palabra; él sigue siendo un político
distinto, afable, descomplicado y lleno de buenas intenciones para bien de
Medellín y sus habitantes; a él no le interesan las metas egoístas que a veces
obnubilan a los mandatarios, quiere logros para satisfacciones colectivas, pero
si su gran reto es “eliminar alianzas siniestras” en ese aspecto lamentablemente
va a fracasar; hasta al propio Jesucristo le iba quedando duro
cumplir su plan porque se le infiltró Judas.
“Judas” hay bastanticos en las instituciones que son grupos
de apoyo para el éxito en la gestión de un mandatario; no quiero decir que son
asimilables al equipo de los 12 apóstoles de aquel entonces pues se
creerá que me refiero al gabinete, no; los inmediatos colaboradores
del Alcalde “Fico” se me hacen bastante buenos, tal vez una o dos excepciones
que las veo como un “descache”, aunque no grave, y mucho menos como
peligrosas designaciones.