Uno de los principios más elementales,
pero no por ello carente de la mayor importancia, que nos enseñan en las
facultades de periodismo, es aquel que
recomienda recurrir a fuentes de distinta posición frente a un mismo asunto periodístico,
con el fin de aportar al establecimiento de la verdad, o por lo menos, entregar
elementos de juicio para que los receptores de la información saquen sus propias conclusiones.
Con respecto a la venta de las
acciones de EPM en ISAGEN, los ciudadanos escasamente se han pronunciado, es
posible que sea porque no se tienen suficientes
argumentos a favor o en contra, así que, por fortuna, no hemos salido a opinar
sin fundamentos como en tantas otras ocasiones.
Por su parte al interior del Concejo de
Medellín, que tiene la potestad de votar positiva o negativa la propuesta del Alcalde
Federico Gutiérrez - quien espera que se le dé el sí para la venta- se han presentado serios e importantes
argumentos a favor y en contra. Se han dado debates argumentados, con posturas
que evidencian análisis y no simples pronunciamientos a la ligera, aunque
desafortunadamente uno de ellos se vio perturbado debido a un altercado protagonizado
por el concejal Róber Bohórquez y el Secretario de Gobierno de Medellín, Santiago
Gómez.
Atendiendo la sabia recomendación de los maestros
del periodismo, me di a la tarea de averiguar sobre las posibles causas que llevaron a cada uno de los dos enfrentados, a
sobrepasar los niveles de serenidad que son menester para tratar un tema trascendental, sin duda alguna, para los intereses financieros de tan
importante entidad pública.
Encontré
por ejemplo, que la apreciada colega Sonia Gómez, en su artículo titulado “Concejales de Medellín, ¡salven la patria!”, dice: “La Comisión
Primera del Concejo de Medellín hundió en un primer 'round' el proyecto de
acuerdo con que se busca permiso para vender a la canadiense Brookfield las
acciones de EPM en Isagén. Cuatro votos en contra, de Carlos Alberto Zuluaga,
Aura Marleny Arcila, Jaime Cuartas y Róber Bohórquez, mostraron que aún hay un
asomo de cordura en este abominable descalabro que fue la venta de las acciones
que el Estado colombiano tenía en Isagén.
Digna de
resaltar la posición de este último edil, quien dijo el día de la votación: “Ya
me hizo ‘lobby’ Santiago Gómez (secretario de Gobierno de Medellín). En estos
cuatro años no me vuelvan a hacer ‘lobby’ en mi oficina para votar positivo”.
Escuche
con mucha atención la entrevista que hizo Luis Fernando Ramírez al Concejal Róber
Bohórquez, en el programa “Despierta Antioquia”,
sobre el enfrentamiento de este y el Secretario de Gobierno. Si a renglón
seguido no hubiera pasado al teléfono el Alcalde de Medellín, me habría quedado
la sensación de que Santiago Gómez había tenido el atrevimiento de “presionar”
al Concejal, contrariando las directrices del mandatario local, pues así lo
señaló el edil entrevistado al justificar su malestar con el representante del
gabinete municipal; máxime que, antes de pasar el Alcalde al teléfono, es
decir, sin confrontar versiones del mismo hecho, ya los periodistas terciaban
en sus comentarios.
El
“lobby” en Colombia es legal y legítimo, es ejercido generalmente por quienes
tienen facilidad para exponer y concertar; cuando se habla de Lobby, siempre se
trata del dialogo entre representantes del ejecutivo, de empresas privadas o
del sector público, con los legisladores, para sacar adelante una ley,
ordenanza o acuerdo municipal.
Así
que el lobby no es el malo, los malos son los lobistas que abusan de sus habilidades para provecho personal o sectorial, más no actúan
con honestidad, e inclusive los hay que “pagan” a representantes del poder legislativo
para que aprueban lo que nos es inconveniente
a los ciudadanos, pero muy conveniente a intereses mezquinos. Ejemplos hay
montones.
Pues
bien, según las averiguaciones sobre los personajes que en el Recinto del Concejo
de Medellín, se enfrentaron de manera acalorada, sus acostumbradas reacciones y
su manera de manejar el pedacito de poder que les tocó, no queda duda alguna de
que el Alcalde de la capital antioqueña obró sensatamente al apoyar a su
Secretario de Gobierno, sin que ello se
entienda como simplemente una defensa amañada y sin razón.
¡Cómo
tenemos que cuidarnos los periodistas de informar y opinar sin cotejar!.
Por
lo demás, informar y opinar son dos cosas bien distintas, de ahí que su manejo
debe hacerse tan nítidamente que para las audiencias sea muy claro: cuándo estamos
informando y cuándo estamos opinando.