viernes, 13 de mayo de 2016

A PROPÓSITO DEL DÍA DE LA ENFERMERA

Ninguna fecha es tan recordada, celebrada y “orquestada” como el Día de la Madre, por obvias razones. Muchas otras que se conmemoran en nuestro país pasan desapercibidas,  apenas entre los que se sienten aludidos por las llamadas fechas clásicas, y quienes los rodean,  se enteran. Entre esas está el día que reconoce la labor de las enfermeras. Entre otras,   ya es hora de abandonar la “discriminación” de género pues los enfermeros van en aumento; en cambio, por lo general, otras profesiones u oficios se nombran en masculino: ingenieros, abogados, médicos, políticos, gerentes, músicos…

Bien, pero a lo que voy es a la exaltación que se hace el 12 de mayo de cada año a quienes se ocupan de atender, cuidar y contemplar a los enfermos: las enfermeras y enfermeros. Seguramente que,  durante los estudios de pregrado, tanto profesionales como  auxiliares,  reciben orientación hacia un servicio afectuoso, pues estar enfermo es de por si agobiante, colmado de expectativas, con miedos, doloroso en todo sentido, así que encima de eso no es posible que podamos aceptar personal de salud, del nivel asistencial, arrogante, mal genio o brusco. (Que los hay los hay, pero no es la generalidad, son muy, muy pocos). En los niveles administrativos se ve otra cosa pero no me ocupo aquí de ellos.
Casualmente ayer, 12 de mayo, y desde algunos días anteriores a la celebración  que me invita a escribir esta columna, tuve un episodio familiar que me obligó a visualizar por varias horas la labor de enfermería.

Desde la recepción de pacientes hasta el egreso de los mismos, es el personal de enfermería el más cálido y, digamos,  preocupado por los síntomas y  evolución de quienes están bajo su cuidado;  sin desconocer que además es de mucha responsabilidad su labor pues se ocupan de hacer la observación de los enfermos, minuto a minuto y seguimiento a su evolución,  porque el médico les pide relatar lo percibido para hacerlo parte de una totalidad que es el  diagnóstico, en el que desde luego igual cuentan las pruebas de laboratorio y demás elementos de la tecnología de ayudas a la ciencia médica,  para un conjunto que facilita el acierto del tratamiento,  o el dictamen del egreso de un paciente.  

Con el actual, complicadísimo, Sistema de Salud Colombiano (SSC), con todas sus arandelas negativas  que superan las buenas, según análisis de los expertos nacionales y extranjeros consultados,  reconociendo  estos mismos  que,   gozamos de ciertas bondades  en nuestro SSC, como la cobertura y equidad; los trabajadores de la salud en nuestro país podrían ser muy “amargados”, pero resulta que nuestras enfermeras y los jóvenes enfermeros, son un encanto, disfrutan su labor y aceptan los sacrificios que acarrea.

Lástima que algunas EPS e IPS no sean más consideradas con el personal asistencial que es tan noble,  qué vaina nosotros como pacientes descargando  en ellos la frustración que acompaña el sabernos impotentes cuando recibimos una mala prestación del servicio siendo  aportantes, unos más otros menos, a un Sistema en el que hay niveles plagados de corrupción, desbordados por la ambición de unos cuantos beneficiados por el Sistema, la  ineficacia y desorden administrativo.

Los pacientes pagamos los platos rotos de la concentración de políticas y decisiones incorrectas e inconvenientes, en manos de quienes detentan un poder público o privado, infame.

Como consecuencia de ese sistema que,  se dice, está respaldado en  leyes con más desaciertos que aciertos y evidentemente con  intereses perversos de por medio,  recibimos  una atención no pocas veces  inoportuna, y de mala calidad en algunos aspectos.  No nos es fácil entender cómo es posible que ante el volumen de la demanda en los últimos años,  algunas prestadoras de servicios de salud se hayan quedado con las mismas instalaciones y el mismo personal de cuando sus “clientes” eran menos; además ¿cómo entender que hay ciudadanos tan egoístas y atrevidos   que congestionan los servicios de urgencias para hacer consultas que bien pueden resolverse en una cita normal, o si es del caso, prioritaria? ¿Cómo es posible que se inventen dolencias solamente porque no fueron a trabajar o porque esperan engañar para que los incapaciten?


 Nos cabe concluir: La inmoralidad de aquellos  que aprueban leyes en las que se esconden atentados indiscutibles  al derecho a una salud con oportunidad y calidad, esas que atentan contra el bienestar del pueblo colombiano, es tan detestable, como admirable es la labor de los trabajadores de este sector, especialmente del área de enfermería, ahí sí que hay nobleza y abnegación.