Ninguna fecha es tan recordada,
celebrada y “orquestada” como el Día de la Madre, por obvias razones. Muchas
otras que se conmemoran en nuestro país pasan desapercibidas, apenas entre los que se sienten aludidos por
las llamadas fechas clásicas, y quienes los rodean, se enteran. Entre esas está el día que reconoce
la labor de las enfermeras. Entre otras, ya es
hora de abandonar la “discriminación” de género pues los enfermeros van en
aumento; en cambio, por lo general, otras profesiones u oficios se nombran en
masculino: ingenieros, abogados, médicos, políticos, gerentes, músicos…
Bien, pero a lo que voy es a la exaltación
que se hace el 12 de mayo de cada año a quienes se ocupan de atender, cuidar y
contemplar a los enfermos: las enfermeras y enfermeros. Seguramente que, durante los estudios de pregrado, tanto profesionales
como auxiliares, reciben orientación hacia un servicio
afectuoso, pues estar enfermo es de por si agobiante, colmado de expectativas,
con miedos, doloroso en todo sentido, así que encima de eso no es posible que
podamos aceptar personal de salud, del nivel asistencial, arrogante, mal genio
o brusco. (Que los hay los hay, pero no es la generalidad, son muy, muy pocos).
En los niveles administrativos se ve otra cosa pero no me ocupo aquí de ellos.
Casualmente ayer, 12 de mayo, y
desde algunos días anteriores a la celebración que me invita a escribir esta columna, tuve un
episodio familiar que me obligó a visualizar por varias horas la labor de enfermería.
Desde la recepción de pacientes
hasta el egreso de los mismos, es el personal de enfermería el más cálido y,
digamos, preocupado por los síntomas y evolución de quienes están bajo su cuidado; sin desconocer que además es de mucha responsabilidad
su labor pues se ocupan de hacer la observación de los enfermos, minuto a
minuto y seguimiento a su evolución, porque
el médico les pide relatar lo percibido para hacerlo parte de una totalidad que
es el diagnóstico, en el que desde luego
igual cuentan las pruebas de laboratorio y demás elementos de la tecnología de
ayudas a la ciencia médica, para un conjunto
que facilita el acierto del tratamiento, o el dictamen del egreso de un paciente.
Con el actual, complicadísimo, Sistema
de Salud Colombiano (SSC), con todas sus arandelas negativas que superan las buenas, según análisis de los
expertos nacionales y extranjeros consultados, reconociendo estos mismos que, gozamos de ciertas bondades en nuestro SSC, como la cobertura y equidad;
los trabajadores de la salud en nuestro país podrían ser muy “amargados”, pero
resulta que nuestras enfermeras y los jóvenes enfermeros, son un encanto,
disfrutan su labor y aceptan los sacrificios que acarrea.
Lástima que algunas EPS e IPS no
sean más consideradas con el personal asistencial que es tan noble, qué vaina nosotros como pacientes descargando en ellos la frustración que acompaña el
sabernos impotentes cuando recibimos una mala prestación del servicio siendo aportantes, unos más otros menos, a un Sistema
en el que hay niveles plagados de corrupción, desbordados por la ambición de
unos cuantos beneficiados por el Sistema, la ineficacia y desorden administrativo.
Los pacientes pagamos los platos
rotos de la concentración de políticas y decisiones incorrectas e inconvenientes,
en manos de quienes detentan un poder público o privado, infame.
Como consecuencia de ese sistema
que, se dice, está respaldado en leyes con más desaciertos que aciertos y evidentemente
con intereses perversos de por medio, recibimos una atención no pocas veces inoportuna, y de mala calidad en algunos
aspectos. No nos es fácil entender cómo
es posible que ante el volumen de la demanda en los últimos años, algunas prestadoras de servicios de salud se
hayan quedado con las mismas instalaciones y el mismo personal de cuando sus “clientes”
eran menos; además ¿cómo entender que hay ciudadanos tan egoístas y atrevidos que
congestionan los servicios de urgencias para hacer consultas que bien pueden resolverse
en una cita normal, o si es del caso, prioritaria? ¿Cómo es posible que se
inventen dolencias solamente porque no fueron a trabajar o porque esperan
engañar para que los incapaciten?
Nos cabe concluir: La inmoralidad de aquellos que aprueban leyes en las que se esconden
atentados indiscutibles al derecho a una
salud con oportunidad y calidad, esas que atentan contra el bienestar del
pueblo colombiano, es tan detestable, como admirable es la labor de los
trabajadores de este sector, especialmente del área de enfermería, ahí sí que
hay nobleza y abnegación.