Por este, que es reciente, y
todos los pronunciamientos del Papa Francisco, es por lo que definitivamente lo
amamos: “La falta de empleo para los jóvenes es una señal de que existe un fallo
grave en el sistema. Que
haya un 40 % de jóvenes menores de 25 años que no tengan trabajo es grave”, fueron algunas de las palabras del descomplicado Papa argentino en una ciudad italiana; y se
ajustan perfectamente a la situación en nuestro país.
“Cuando no se gana para poder llevar el pan
a casa, se pierde la dignidad. La falta de empleo roba la dignidad. En estos
casos, la
persona corre el riesgo de ceder a la esclavitud, a la explotación”. ¿Qué
pasa con los jóvenes en Colombia? Sus opciones para la subsistencia no son
muchas, y a las que más fácilmente pueden acceder sin tantos “requisitos” (los que
en muchos casos son para excluir sólo a cierto tipo de muchachos) son precisamente
las que esclavizan física y moralmente.
Miremos otro comentario del mismo
registro noticioso de uno de los diarios locales italianos sobre lo expresado
por el Papa de este lado del mundo: “…hizo un llamado a los gobiernos para que asuman su responsabilidad y contribuyan
a cambiar el sistema para crear empleo”. El
anterior aparte parece publicado en cualquier medio de comunicación nuestro. Ese
mismo diario publicó otro párrafo de la intervención del Pontífice, totalmente
aplicable a Colombia, particularmente para nuestra región:
“Paralelamente, insistió en la importancia
de impartir una buena educación para formar, así, a jóvenes, y enseñarles a que sigan
el camino del bien y se alejen de las prácticas delictivas. La educación
es el camino justo porque previene y ayuda a ir hacia adelante”.
A las anteriores transcripciones
de los pronunciamientos del Papa argentino, no hay nada distinto para agregar que, “Antioquia
la más Educada”, como lema para defender y apoyar, de la Administración
Departamental actual, señala una estrategia, no está significando que ya somos el
departamento más educado de Colombia; pero lamentablemente hay a quienes – y
con mucho eco- les pueden más las ganas de atravesársele al Gobernador
Fajardo por pura politiquería, que el
afán –que es el que debería asistirles-
de reforzar para que un lema se convierta en realidad; lo cual, obviamente, no
se logra en cuatro años, ni en doce, ni en
dieciséis, pero se puede conseguir como cualquier otra trasformación en
una sociedad, si le marchamos buenamente al objetivo, independiente de posturas
para controvertir objetivamente.
Mientras en Colombia, aquellos privilegiados pertenecientes a las
esferas de decisión en todas las ramas del poder público, no se propongan
plenamente, cumplir con el deber que les corresponde, y sigan dando garrote
como ejercicio electorero, al que le caminan precisamente los electores faltos
de educación, de sentido común, o los que pertenecen a la misma línea del “no
porque no” (lèase: porque no me gusta ese señor) así sean muy “preparados”,
seguiremos observando, o padeciendo, el caos de un país que merece mejor
suerte.
Colombia, por lo demás y para acabar
de ajustar, infortunadamente cabe en
este diagnóstico del Obispo de Roma:
“Cuánta corrupción hay en el mundo. (...) La
corrupción es sucia y la sociedad corrupta apesta. Un ciudadano que deja que le
invada la corrupción no es cristiano, ¡apesta!”.
Los anteriores apartes son de un
discurso del Papa en Scampía, uno de los barrios de la periferia norte de
Nápoles (sur de Italia) en el que se conoce
la existencia de un grupo relacionado
con las mafias que se denomina Camorra.