La cháchara alrededor de temas coyunturales del país, es el distractor
de lo fundamental que nos aqueja, dice la querida colega Maritza De la Hoz, y estamos de acuerdo con ella pues en Colombia
cambiamos de alboroto cada ocho días, mientras los asuntos de fondo o
estructurales, los que afectan a las grandes masas de colombianos, se van dejando
de lado – y creciendo por lo demás- para
más bien opinar según este o aquel, acerca
del escándalo del hoy. Ah, pero opinamos
tranquilamente apoyando a fulano o a zutano, sin elementos de juicio, sin conocer
detalles, por mera simpatía o antipatía.
Sobre la reforma a la salud, por
ejemplo, poco sabemos los ciudadanos de a pie en qué quedó. Ya se hizo y se va
a empezar a aplicar sin que los usuarios
tengamos claridad sobre cambios o no, si los hay substanciales o simulados, qué
hay de las obligaciones, derechos, deberes… ¿Quedaron satisfechos los trabajadores
del sector salud? ¿Están contentos o descontentos los dueños de las EPSs? ¿Mejoran
las condiciones de calidad, oportunidad, servicios de especialistas,
medicamentos?
¿Y del Código Minero qué? Por fin
le prestaron atención en Bogotá a la propuesta tan seria y trabajada desde
Antioquia por parte de los diputados Rodrigo Mendoza, Edinson Muñoz y Jorge Gómez?
Si la de Minería es una locomotora para el desarrollo - qué bueno que como tal
la miremos todos pues representa una gran oportunidad para Colombia- ¿hasta qué
punto la normatividad responde a la realidad de ese sector? Y así por el estilo
otros muchos aspectos del crecimiento económico, deben ser debatidos con un lenguaje
asequible que llegue a través de los medios
de comunicación a un buen número de colombianos.
¿Por qué seguimos haciéndole eco
a las grescas de dos personajes de altísimo
vuelo que tienen descentrado al país en
vez de concentrarnos en exigir las
grandes decisiones para beneficio del grueso de los colombianos?
Ocupémonos de temas tales como la educación para el progreso económico y
social de manera lo más equitativo posible, el fomento del emprendimiento para
que crezcan sectores de la población que las clases dominantes han mantenido en
la postración; el impulso y apoyo decidido a las tácticas (o sea a las
acciones, no a la palabrería) que garanticen más seguridad en las zonas rurales
y áreas urbanas de las regiones históricamente
abandonadas a su suerte; la protección del medio ambiente para un desarrollo
sostenible; en fin, son muchos los componentes que hacen el conjunto de un país
con mayores garantías para el bienestar colectivo. Francamente parece que estos
asuntos son de menor importancia para quienes subimos a las esferas de decisión
en Colombia y ostentan, gracias a ello, poder
o liderazgo.
Hace ya algo más de siete meses
que cambiamos la composición de Senado y Cámara en términos de participación por partidos y nuevas caras, sin
embargo no vemos resultados que respondan satisfactoriamente a esa decisión de los
electores. Aparte de variar la perorata,
la realidad de los colombianos es la misma o
peor; observamos que ante los intentos de cambio y los buenos oficios, los planteamientos
se endurecieron, pero no para aportar sino para atajar. Ya no está
de moda el estribillo aquel tan sonoro:
trabajar, trabajar y trabajar; ahora es: critique, critique y critique. ¡Qué jartera!