lunes, 16 de marzo de 2015

¡QUÉ JARTERA!

La cháchara alrededor de  temas coyunturales del país, es el distractor de lo fundamental que nos aqueja, dice la querida colega Maritza De la Hoz,  y estamos de acuerdo con ella pues en Colombia cambiamos de alboroto cada ocho días, mientras los asuntos de fondo o estructurales, los que afectan a las grandes masas de colombianos, se van dejando de lado  – y creciendo por lo demás- para más bien opinar según este o aquel,  acerca del escándalo del hoy.  Ah, pero opinamos tranquilamente apoyando a fulano o a zutano, sin elementos de juicio, sin conocer detalles, por mera simpatía o antipatía.

Sobre la reforma a la salud, por ejemplo, poco sabemos los ciudadanos de a pie en qué quedó. Ya se hizo y se va a  empezar a aplicar sin que los usuarios tengamos claridad sobre cambios o no, si los hay substanciales o simulados, qué hay de las obligaciones, derechos, deberes… ¿Quedaron satisfechos los trabajadores del sector salud? ¿Están contentos o descontentos los dueños de las EPSs? ¿Mejoran las condiciones de calidad, oportunidad, servicios de especialistas, medicamentos?

¿Y del Código Minero qué? Por fin le prestaron atención en Bogotá a la propuesta tan seria y trabajada desde Antioquia por parte de los diputados Rodrigo Mendoza, Edinson Muñoz y Jorge Gómez? Si la de Minería es una locomotora para el desarrollo - qué bueno que como tal la miremos todos pues representa una gran oportunidad para Colombia- ¿hasta qué punto la normatividad responde a la realidad de ese sector? Y así por el estilo otros muchos aspectos del crecimiento económico, deben ser debatidos con un lenguaje asequible  que llegue a través de los medios de comunicación a un buen número de colombianos.

¿Por qué seguimos haciéndole eco a las  grescas de dos personajes de altísimo vuelo que tienen descentrado al  país en vez de concentrarnos en exigir  las grandes decisiones para beneficio del grueso de los colombianos?

Ocupémonos de temas tales como  la educación para el progreso económico y social de manera lo más equitativo posible, el fomento del emprendimiento para que crezcan sectores de la población que las clases dominantes han mantenido en la postración; el impulso y apoyo decidido a las tácticas (o sea a las acciones, no a la palabrería) que garanticen más seguridad en las zonas rurales y áreas urbanas  de las regiones históricamente abandonadas a su suerte; la protección del medio ambiente para un desarrollo sostenible; en fin, son muchos los componentes que hacen el conjunto de un país con mayores garantías para el bienestar colectivo. Francamente parece que estos asuntos son de menor importancia para quienes subimos a las esferas de decisión en Colombia y  ostentan, gracias a ello, poder o liderazgo.


Hace ya algo más de siete meses que cambiamos la composición de Senado y Cámara en términos de  participación por partidos y nuevas caras, sin embargo no vemos resultados que respondan satisfactoriamente a esa decisión de los electores. Aparte de variar  la perorata,    la realidad de los colombianos es la misma o peor; observamos que ante los intentos de cambio y los buenos oficios, los planteamientos  se endurecieron,  pero no para aportar sino para atajar. Ya no está de moda  el estribillo aquel tan sonoro: trabajar, trabajar y trabajar; ahora es: critique, critique y critique. ¡Qué jartera!