No
sé si los casos de violencia contra las mujeres se han disparado en los últimos
años o se trata más bien de que ahora se denuncien episodios que antes se
ocultaban. Aunque esta introducción tiene que ver con estadísticas que recién
publicaron, y fue precisamente en vísperas de la conmemoración internacional que
estableció el 8 de marzo para recordar los derechos de las mujeres, vulnerados
desde siempre, lo que pretendemos es centrarnos en un punto que puede ser
consecuencia de lo anterior o por lo menos muy relacionado: El desamparo y
desprotección que afecta a la niñez colombiana.
En
las zonas urbanas y sectores urbanos por igual,
niños, niñas y adolescentes evidencian abandono, maltrato, violaciones,
hambre, miserias de toda naturaleza, lo que significa ni más ni menos que
carecen de hogar o pertenecen a familias disfuncionales que hacen de estas
criaturas víctimas de las penurias de los adultos o de sus abusos.
Conversando
sobre el tema con la estudiante de Trabajo Social de la UPB, Susana Pineda, ella
dice que, “Los asuntos relacionados con el tema que nos preocupa, están
consignados en la Ley 1098 de 2006, cuyo fin es garantizar el desarrollo pleno y armonioso de
los niños, niñas y adolescentes, para que crezcan en el seno de la familia y de
la comunidad, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. En donde es
responsabilidad de la familia, la sociedad y el Estado colombiano, velar por su
protección integral”.
Según lo anterior, tenemos una ley que suena muy bonita, entonces ¿qué está
pasando en Colombia, en donde se publican prácticamente a diario, hechos en los
cuales está involucrada una niña, un niño o un adolescente, como víctimas de la
más cruel violencia, la mayoría de los casos por parte de miembros de su propia
familia?
Susana Pineda comenta: “El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar es
el ente que regula y coordina el sistema nacional de lo concerniente a este
aspecto, por tanto, es el que define los
lineamientos técnicos en los procesos de restablecimiento de derechos en las
instituciones de protección, además de velar por el cumplimiento de las
políticas públicas en niñez. Igualmente toda persona natural o jurídica debe
coadyuvar en la protección integral de los menores”.
“El ser humano tiene diferentes etapas de desarrollo a lo largo de su
vida, siendo esencial el periodo de la primera infancia, la niñez y
adolescencia, por lo que aquí se construyen procesos lingüísticos, forjan su
identidad y auto-concepto, y se aprende a relacionarse con los otros”, señala
Susana Pineda y agrega: “ Por esto cabe tener presente la importancia de las
diferentes dimensiones que tiene el ser humano: la intelectual, la afectiva, la
social y la espiritual, que conforman la integralidad de los seres humanos”.
Con la formación profesional adquirida hasta el momento en la UPB por
Susana Pineda, además de su experiencia como voluntaria en instituciones que
atienden necesidades de distinto orden que presentan los pequeños carentes de atención en alguna o
en varias de sus dimensiones humanas, ella sostiene lo siguiente:
“A pesar de las leyes y nomas al respecto en Colombia, actualmente los niños, niñas y adolescentes
están expuestos a un sin número de factores que ponen en riesgo su desarrollo
integral y armonioso, por consiguiente,
la familia y la educación son fundamentales en el acompañamiento y formación
para que el entorno social, la globalización y los medios de comunicación no
afecten a los menores truncando su proyecto de vida”.
Y entonces viene aquí lo que motivó esta reflexión ¿Será que la
situación de la mujeres que padecen violencia intrafamiliar, terminan convirtiéndolas en cabeza de hogar, y por lo consiguiente
no gozan del acompañamiento de un hombre bueno, respetuoso de los derechos de
la mujer y de los hijos, y esto influye en la poca atención que tristemente
están hoy padeciendo los niños en Colombia?
Susana Pineda dice “Lastimosamente la falta de acompañamiento, de educación,
y la negligencia por parte de padres y educadores, hacen que los derechos de
los menores sean vulnerados constantemente. Estamos en un país en donde los
niños, niños y adolescentes no tienen pautas de crianza estables, debido a que
no se asume una responsabilidad parental, algunas veces por causa de las largas jornadas
laborales de sus progenitores, particularmente de la madre que hace de papá y mamá;
o el desinterés por asumir el papel de padres; por ende, se evaden
responsabilidades, dejando a los menores al cuidado de otras personas, eso en
el mejor de los casos; sino es que los exponen a una triste cotidianidad, en la
que carecen de la protección que necesitan para alejarlos de la perversidad, y sin
los cuidados amorosos que les
proporcionen una etapa feliz que es el derecho que los ampara”.
Tenemos
que concluir, después de oír a una joven que, como Susana Pineda, está
comprometida con una profesión humanística y más que con ello con una sociedad
que abandona a los menores sin remordimientos, que: nuestros niños, niñas y
adolescentes definitivamente en Colombia no están siendo protegidos como debe
ser. El Estado, la familia, la sociedad, dice querer lo mejor para el futuro de
los colombianos, sin pensar que eso no será posible mientras haya niños a kilómetros
de la escuela, niñas viviendo en ranchos muy lejanos de los centros de salud,
adolescentes cargando responsabilidades que no les corresponden, y adultos que
descargan sus rabias, perversidades y culpas, en la niñez desprotegida.
Si
queremos tanto a los niños como decimos, debemos reconocer que a todos nos cabe
responsabilidad, de una u otra forma, en los padecimientos de los menores, pues si bien no estamos vulnerando sus derechos,
como quienes si lo hacen y no están recibiendo el castigo merecido, estamos
ignorando que de alguna manera a todos nos corresponde exigir para la niñez, atención
integral y su felicidad.