Todavía no se puede hablar de
posibles “finalistas” en la carrera por la alcaldía de Medellín, pues no han
definido avales determinantes para entrar candidatos a la contienda, aunque
pueda sospecharse en qué terminarán las apuestas.
En el campo de las cábalas no es
ninguna novedad pensar que Federico Gutiérrez
termine uniéndose al candidato del CD Juan Carlos Vélez, por solicitud del
mismo expresidente Álvaro Uribe al percibir que su candidato aunque confiable,
preparado y serio, no goza del encanto que tanto ayuda en el momento de las
decisiones por parte del electorado; en cambio el carisma de Gutiérrez es innegable, tanto así que su decencia, trayectoria y posturas frente a los principales problemas de la capital antioqueña
pasan a segundo plano. Se prevé entonces que el Centro Democrático une dos
fortalezas importante para irse por la Alcaldía con Juan Carlos Vélez con muchas
posibilidades en esa llave; por el contrario, si
se van ambos hasta el final, pueden
fracasar.
Gabriel Jaime Rico está haciendo
una campaña con todos los elementos para el triunfo, aunque asegurado no está.
Sus estrategias - porque no tiene solamente
una que es lo usual- apuntan a los dos aspectos
que generalmente dan el enfoque para la construcción de Estrategia, eligiendo
el de mayor fortaleza en el candidato: Imagen o Propuesta (Discurso).
Si observamos ejemplos de campañas locales, los aspirantes
se concentran en fortalecer la imagen, o en convencer con el discurso. Rico tiene
claro que es encantador en el cara a cara, también en los medios, tiene
discurso y ha venido fortaleciendo un equipo entusiasta y sólido. Por lo demás, con el acompañamiento del Concejal Jesús Aníbal Echeverri, armó la coalición
que le faltó las veces anteriores. Y para
completar el panorama favorable que igualmente le da una perspectiva muy
distinta a la de sus anteriores campañas, consiguió concretar para sí el apoyo
del Partido de la “U”, sus militantes, aunque
se dice que todos no son tan disciplinados como Rodrigo Mendoza Vega, por lo menos aportaron con un golpe de opinión
que de ninguna manera sobra.
El Partido Liberal, así y todo dos
de sus pre-candidatos gozan de reconocimiento, puede fracasar en su vocación de poder porque
entre ellos hay posiciones
irreconciliables. Bernardo Alejandro Guerra tiene la favorabilidad que se ha
ganado a punta de valentía y la defensa de
temas muy sensibles para la opinión pública. Por su parte Eugenio Prieto plantea
sus posturas con solvencia en los conocimientos, seriedad y modernidad, lo que estratégicamente
cuenta mucho en el enfoque del discurso. Ambos tienen equipo.
Alonso Salazar es de amplia trayectoria,
empatía evidente con algunos sectores muy comprometidos y leales, e
indudablemente el posicionamiento que garantiza el haber sido ya alcalde. Con más aciertos que desaciertos reconocidos,
tiene ventajas sobre los demás. Lo
curioso de la manera como los ciudadanos
expresan el grado de recordación con respecto a Salazar, es que en tertulias,
corrillos y otros escenarios políticos o barriales, opinen de manera recurrente, que
fue un alcalde que hizo mucho por Medellín pero no lo supo comunicar. ¿Qué
significa entonces esa aparente contradicción? A dónde está la debilidad ¿En él
mismo cuando se dirigió a sus gobernados? ¿O en su equipo de comunicaciones que
en consecuencia no fue una oportunidad sino una amenaza?
Vélez, Rico, Salazar, Gutiérrez, Prieto
o Guerra, todos necesitan el empujón determinante de una alianza, o el apoyo de
un partido; luego de conseguirlo los afortunados tendrán que definir la
estrategia política en el nuevo escenario, o redefinirla quienes ya están orientados según
la que construyeron desde la primera
etapa de campaña. Vendrá entonces una
segunda etapa en la que, como potenciales electores, analizaremos promesas, discurso, mensajes propagandísticos
y tácticas mediáticas. Por ahora, muy difícil
atrevernos a decir quiénes serán los dos
“finalistas”.