jueves, 23 de abril de 2015

DIFÍCIL PREDICCIÓN


Todavía no se puede hablar de posibles “finalistas” en la carrera por la alcaldía de Medellín, pues no han definido avales determinantes para entrar candidatos a la contienda, aunque pueda sospecharse en qué terminarán las apuestas.

En el campo de las cábalas no es ninguna novedad pensar que  Federico Gutiérrez termine uniéndose al candidato del CD Juan Carlos Vélez, por solicitud del mismo expresidente Álvaro Uribe al percibir que su candidato aunque confiable, preparado y serio, no goza del encanto que tanto ayuda en el momento de las decisiones por parte del electorado; en cambio el carisma de Gutiérrez  es innegable, tanto así que su decencia, trayectoria y posturas frente a los principales problemas de la capital antioqueña pasan a segundo plano. Se prevé entonces que el Centro Democrático une dos fortalezas importante para irse por la Alcaldía con Juan Carlos Vélez con muchas posibilidades en esa llave; por el  contrario, si  se van ambos hasta el final,  pueden fracasar.

Gabriel Jaime Rico está haciendo una campaña con todos los elementos para el triunfo, aunque asegurado no está. Sus estrategias  - porque no tiene solamente una que es lo usual-  apuntan a los dos aspectos que generalmente dan el enfoque para la construcción de Estrategia, eligiendo el de mayor fortaleza en el candidato: Imagen o Propuesta (Discurso).

Si observamos  ejemplos de campañas locales, los aspirantes se concentran en fortalecer la imagen, o en convencer con el discurso. Rico tiene claro que es encantador en el cara a cara, también en los medios, tiene discurso y ha venido fortaleciendo un equipo entusiasta y sólido. Por lo demás,  con el acompañamiento  del Concejal Jesús Aníbal Echeverri, armó la coalición que le faltó las veces anteriores.  Y para completar el panorama favorable que igualmente le da una perspectiva muy distinta a la de sus anteriores campañas, consiguió concretar para sí el apoyo del Partido de la “U”, sus militantes,  aunque se dice que todos no son tan disciplinados como Rodrigo Mendoza Vega,  por lo menos aportaron con un golpe de opinión que de ninguna manera sobra.

El Partido Liberal, así y todo dos de sus pre-candidatos gozan de reconocimiento,  puede fracasar en su vocación de poder porque entre  ellos hay posiciones irreconciliables. Bernardo Alejandro Guerra tiene la favorabilidad que se ha ganado  a punta de valentía y la defensa de temas muy sensibles para la opinión pública. Por su parte Eugenio Prieto plantea sus posturas con solvencia en los conocimientos,  seriedad y modernidad, lo que estratégicamente cuenta mucho en el enfoque del discurso. Ambos tienen equipo.

Alonso Salazar es de amplia trayectoria, empatía evidente con algunos sectores muy comprometidos y leales, e indudablemente el posicionamiento que garantiza el haber sido ya alcalde.  Con más aciertos que desaciertos reconocidos, tiene ventajas sobre los demás.  Lo curioso  de la manera como los ciudadanos expresan el grado de recordación con respecto a Salazar, es que en tertulias, corrillos y otros escenarios políticos o barriales, opinen de manera recurrente, que fue un alcalde que hizo mucho por Medellín pero no lo supo comunicar. ¿Qué significa entonces esa aparente contradicción? A dónde está la debilidad ¿En él mismo cuando se dirigió a sus gobernados? ¿O en su equipo de comunicaciones que en consecuencia no fue una oportunidad sino una amenaza?  


Vélez, Rico, Salazar, Gutiérrez, Prieto o Guerra, todos necesitan el empujón determinante de una alianza, o el apoyo de un partido; luego de conseguirlo los afortunados tendrán que definir la estrategia política en el nuevo escenario,  o redefinirla quienes ya están orientados según la  que construyeron desde la primera etapa de campaña.  Vendrá entonces una segunda etapa en la que, como potenciales electores, analizaremos  promesas, discurso, mensajes propagandísticos y tácticas mediáticas.  Por ahora, muy difícil atrevernos a decir  quiénes serán los dos “finalistas”.