Diferencias
entre el “bolígrafo” de Bernardo Guerra Serna y el de Álvaro Uribe Vélez, las
hay, pero “bolígrafo” al fin y al cabo.
Grosso
modo, en la época del inmenso poder político de Bernardo Guerra Serna, él acomodaba los primeros nombres en sus listas –que
eran cerradas- buscando curules en las corporaciones públicas (Senado, Cámara,
Asamblea y Concejo). Sus cálculos eran muy acertados, parece que no hacía
cuentas alegres, sabía con matemática exactitud cuántos nombres alcanzaban su aspiración
y por eso no se desgastaba en el orden de los nombres que no estaban en renglones
efectivos. Mecanismo rápido que evitaba infinidad de gastos colectivos e
individuales pues no alimentaba expectativas absurdas en su gente.
También
Guerra Serna ponía Gobernador de Antioquia y Alcalde de Medellín (antes de las elecciones por voto popular). De acuerdo
con el Presidente de la República si era de su partido (Partido Liberal), el Dr. Bernardo Guerra
imponía mandatarios regionales y locales entre sus afectos; y si no era de su colectividad no pocas veces igualmente
consiguió que se los aceptaran, hacían, digamos, “convenios”. (Convenios que hoy persisten, no serán
para lo mismo o en las mismas circunstancias, y menos suscritos ente los
mismos, pero existieron, existen y existirán).
El
Partido Centro Democrático (CD) consagró en sus estatutos que sus órganos de dirección
y representación nacionales son: 1 Presidente Fundador, 2 Convención Nacional, 3
Dirección Nacional, 4. Director del Partido, 5. Bancada de Congresistas, 6.
Comités Sectoriales. Y señalan expresamente también lo siguiente: “El partido Centro Democrático,
reconoce al señor Ex Presidente de la República de Colombia, Dr. Álvaro Uribe
Vélez, como Presidente fundador y orientador de la colectividad”.
Se
evidencia que el exmandatario de los colombianos, para cualquier decisión al interior
de su partido, está por encima de la Convención
Nacional y la Dirección Nacional, ésta, presidida por él mismo. Lo anterior se
confirma cuando los miembros del CD aclaran ante la opinión pública que el
primer renglón de las listas para poner en consideración a los electores el 25
de octubre de este año, lo decide el hoy Senador Uribe Vélez, plenamente
comprensible pues se desprende de los Estatutos.
No
conozco los estatutos del PL de la época de Guerra Serna, pero me atrevo a
decir que su “bolígrafo” no estaba permitido explícitamente en ellos, ahí ya encontramos
una diferencia con el de Uribe Vélez, hoy en el CD. (Uribe fue del PL como muchos
otros quienes, manifestando inconformidad con el “bolígrafo” de Guerra, armaron
rancho aparte aunque gozaron de las mieles que les proporcionó el poder y
burocracia que él les participó).
Habrá
pues
varias diferencias y similitudes entre profesor y alumno, si entramos en detalles que muy seguramente sí
conoce el colega y amigo del alma Nacho Mejía. (Recién condecorado por la Asamblea de Antioquia
por sus 35 años de actividad periodística y sus aportes a la historia política de
Antioquia y buena parte del ámbito nacional, a través de sus crónicas,
informes, entrevistas y notas en el Periódico el Mundo).
Pero
la democracia cuesta y recientemente en Medellín ello nos quedó demostrado. Para
la consulta del CD el domingo 19 de abril, los aspirantes a quedar en los
primeros renglones de la lista al Concejo por ese Partido, se sometieron a un mecanismo
excesivamente costoso para el gobierno nacional que debe cubrirlo, y para cada uno de ellos en particular, ya
que, aunque se trató de un mecanismo en
el que solamente los miembros inscritos en el CD podían votar, hubo maquinarias
moviendo nombres, aspirantes desde luego con más oportunidades que quienes no contaban
con estrategia electoral para un día de votaciones. Los resultados son clarísimos
en ese sentido.
Vienen
algunas reflexiones: En Colombia sí tenemos partidos políticos con estatutos
que contemplan expresamente principios, postulados, pilares, requisitos,
mecanismos de participación, instancias de decisión, etc. Y todo ello se construye
y plasma con base en la ideología que identifica al respectivo partido. Lo que
no tenemos es candidatos de partido que expongan sus programas en concordancia
con la ideología política de su partido.
Antes
había disciplina de partido y entonces los electores votaban por las listas
cerradas de su colectividad en reciprocidad a la ideología que los
identificaba. Ahora se vota por nombres de los afectos personales del elector,
independiente del partido que los haya avalado; de ahí que los aspirantes busquen
avales y no correspondencia ideológica para representarla y en ese sentido
actuar. Afortunadamente no todo es perverso, tenemos opciones buenas y mejores
para elegir el 25 de octubre, si sabemos escudriñar y votar.
Un
fenómeno actual indiscutible, es la excepción a la evidencia de que los partidos no están siendo
fortalecidos sino por el contrario ignorados: Los militantes del CD sí votan
por las listas de su partido, sin objeción alguna, así no conozcan los
principios que favorece, y aunque no lo hacen propiamente por disciplina de
partido, existe una fuerte motivación emocional: El Centro Democrático es Uribe
y punto.
O
sea: “Lo que diga Uribe es palabra de Dios”. Y no es una expresión peyorativa,
es lo que manifiestan los seguidores leales a su “bolígrafo”, fieles a la Providencia
Divina y a sus Estatutos. (Creo que el “bolígrafo” de Uribe se resiste a escribir
ciertos nombres para figurar el 25 de octubre. ¡Qué encartada!).