lunes, 13 de abril de 2015

MILAGROSA "LLAVE" PARA SEGUIR VIVIENDO

Este es el resumen de una historia muy dolorosa con final feliz gracias a la Divina Misericordia, se trata de la vida devuelta a mi hija después de estar al borde de la muerte cuando apenas tenía 26 años. Así lo resumo:

Después de varios días hospitalizada y empeorando  por la invasión de una bacteria aterradoramente agresiva en su organismo, un domingo  se llevaron en carreras  a mi Anita, de la habitación a cuidados intensivos, estaba al borde de la muerte.  Cuando eso se supo, la colega María Eugenia Carvalho me llamó a decirme que pusiera a mi hija en manos de la Divina Misericordia pues era su día de exaltación como todos los domingos de cada año siguientes al de la Resurrección. Inmediatamente colgué le dije a Èl desde mi corazón “Jesùs en Vos confìo”.

Ese mismo día estaban beatificando al hoy Santo Juan Pablo II, entonces a Su Santidad, movida por un sentir (luego razoné por qué la Fe no se puede explicar sino vivir, experimentar, ya que no es invocándola sino sintiéndola, brotando desde el alma) le dije en vos alta, sin proponérmelo, es decir, no pensé: lo voy a invocar en voz alta, simplemente así brotó: "Juan Pablo II, pongo a mi hija en tus manos, sálvamela por el amor a Jesús de la Divina Misericordia".

Ayer domingo Día de la Divina Misericordia,  después de 4 años celebramos el cumple de mi hija  y no el aniversario de su muerte. Ella y todos nosotros sus seres queridos, damos gracias al Santo Juan Pablo II, como lo hacemos cada año después de aquel padecimiento, dándole gracias a la Divina Misericordia y al Papa Santo,  pues los médicos de  distintas especialidades que la atendieron en la Clínica El Rosario de El Tesoro en Medellín, vieron  cómo inexplicablemente para, tal vez, la lógica de la ciencia, se salvó a pesar de haber sufrido una complicación tan severa por una bacteria, que le afectó varios órganos vitales.

Gracias desde luego también a los médicos y atenciones de la Clínica El Rosario, que desde el mismo primer instante cuando la recibieron en urgencias en tan mal estado, arrancaron el manejo adecuado de acuerdo con los medios de diagnóstico que no dudaron en aplicar como herramientas científicas que indican el camino a seguir, en combinación con el saber que les asiste.

En cambio en la Clínica Nova, de la Avenida Las Vegas, a los primeros síntomas que les manifestamos y vieron,  cuando estaban a tiempo de iniciar un manejo que le hubiera evitado los padecimientos que sobrevinieron por meses,  y que de alguna manera física y emocionalmente sobreviven en la cotidianidad actual de mi hija, le mandaron cremas para la piel pues según ellos “se trata de una alergia” y sugirieron además tres sesiones de la Cámara Hiperbárica allá mismo,  pagadas aparte desde luego (que pueden ser excelentes para otras situaciones, no para una infección generalizada por bacteria).

Las pagamos sin dudarlo y por adelantado las tres sesiones para meterla rápidamente a la cámara confiando en que eran  la solución pues nosotros veíamos a mi hija muy, muy débil, pero como ellos  en Nova nos  decían que las sesiones de la Hiperbárica iban a  mejorarla mucho, nosotros confiamos. No se le hizo más que una sesión a la que obviamente no respondió como decían. En consecuencia Anita nos dijo en una súplica que me da mucho dolor recordar: “Por favor llévenme a otra clínica”. Volamos con ella a El Rosario y allí  sí procedieron idóneamente porque echaron mano de los medios de diagnóstico necesarios; no como en el otro centro clínico en el que argumentaban “de ojo” que se trataba de una alergia (y nosotros les creíamos porque no estábamos en una clínica de garaje) mientras casi todos sus órganos vitales se comprometían.
  
Hoy aquella pesadilla es un muy doloroso recuerdo del que quedan secuelas, pero tenemos a mi hija dándonos su amor y sirviendo a la sociedad como profesional idónea y muy responsable a pesar de  algunas recaídas que seguramente la seguirán molestando, pero vive.  Ayer fue el Día de la Divina Misericordia, se conmemora cada año el domingo siguiente al de la Resurrección, ayer fue el cumpleaños de mi hija Ana Margarita a quien Jesucristo le devolvió la vida un domingo 1 de mayo, hace 4 años, Día de la Divina Misericordia, “en milagrosa llave” con el Santo Juan Pablo II.