Este es el resumen de una historia muy
dolorosa con final feliz gracias a la Divina Misericordia, se trata de la vida
devuelta a mi hija después de estar al borde de la muerte cuando apenas tenía
26 años. Así lo resumo:
Después de varios días hospitalizada
y empeorando por la invasión de una
bacteria aterradoramente agresiva en su organismo, un domingo se llevaron en carreras a mi Anita, de la habitación a cuidados
intensivos, estaba al borde de la muerte.
Cuando eso se supo, la colega María Eugenia Carvalho me llamó a decirme
que pusiera a mi hija en manos de la Divina Misericordia pues era su día de exaltación
como todos los domingos de cada año siguientes al de la Resurrección. Inmediatamente
colgué le dije a Èl desde mi corazón “Jesùs en Vos confìo”.
Ese mismo día estaban beatificando al
hoy Santo Juan Pablo II, entonces a Su Santidad, movida por un sentir (luego razoné
por qué la Fe no se puede explicar sino vivir, experimentar, ya que no es invocándola
sino sintiéndola, brotando desde el alma) le dije en vos alta, sin proponérmelo,
es decir, no pensé: lo voy a invocar en voz alta, simplemente así brotó:
"Juan Pablo II, pongo a mi hija en tus manos, sálvamela por el amor a Jesús
de la Divina Misericordia".
Ayer domingo Día de la Divina
Misericordia, después de 4 años celebramos
el cumple de mi hija y no el aniversario
de su muerte. Ella y todos nosotros sus seres queridos, damos gracias al Santo
Juan Pablo II, como lo hacemos cada año después de aquel padecimiento, dándole gracias
a la Divina Misericordia y al Papa Santo,
pues los médicos de distintas especialidades
que la atendieron en la Clínica El Rosario de El Tesoro en Medellín, vieron cómo inexplicablemente para, tal vez, la lógica
de la ciencia, se salvó a pesar de haber sufrido una complicación tan severa
por una bacteria, que le afectó varios órganos vitales.
Gracias desde luego también a los médicos
y atenciones de la Clínica El Rosario, que desde el mismo primer instante cuando
la recibieron en urgencias en tan mal estado, arrancaron el manejo adecuado de acuerdo
con los medios de diagnóstico que no dudaron en aplicar como herramientas científicas
que indican el camino a seguir, en combinación con el saber que les asiste.
En cambio en la Clínica Nova, de la
Avenida Las Vegas, a los primeros síntomas que les manifestamos y vieron, cuando estaban a tiempo de iniciar un manejo
que le hubiera evitado los padecimientos que sobrevinieron por meses, y que de alguna manera física y emocionalmente
sobreviven en la cotidianidad actual de mi hija, le mandaron cremas para la
piel pues según ellos “se trata de una alergia” y sugirieron además tres sesiones
de la Cámara Hiperbárica allá mismo, pagadas
aparte desde luego (que pueden ser excelentes para otras situaciones, no para
una infección generalizada por bacteria).
Las pagamos sin dudarlo y por
adelantado las tres sesiones para meterla rápidamente a la cámara confiando en
que eran la solución pues nosotros veíamos
a mi hija muy, muy débil, pero como ellos en Nova nos decían que las sesiones de la Hiperbárica iban
a mejorarla mucho, nosotros confiamos.
No se le hizo más que una sesión a la que obviamente no respondió como decían. En
consecuencia Anita nos dijo en una súplica que me da mucho dolor recordar: “Por
favor llévenme a otra clínica”. Volamos con ella a El Rosario y allí sí procedieron idóneamente porque echaron mano
de los medios de diagnóstico necesarios; no como en el otro centro clínico en
el que argumentaban “de ojo” que se trataba de una alergia (y nosotros les creíamos
porque no estábamos en una clínica de garaje) mientras casi todos sus órganos vitales
se comprometían.
Hoy aquella pesadilla es un muy
doloroso recuerdo del que quedan secuelas, pero tenemos a mi hija dándonos su
amor y sirviendo a la sociedad como profesional idónea y muy responsable a
pesar de algunas recaídas que
seguramente la seguirán molestando, pero vive.
Ayer fue el Día de la Divina Misericordia, se conmemora cada año el
domingo siguiente al de la Resurrección, ayer fue el cumpleaños de mi hija Ana
Margarita a quien Jesucristo le devolvió la vida un domingo 1 de mayo, hace 4
años, Día de la Divina Misericordia, “en milagrosa llave” con el Santo Juan Pablo
II.