martes, 14 de abril de 2015

LO DICE ALONSO SALAZAR

Este es un “Principio” que   Alonso Salazar divulga en redes: “El Estado debe combatir grupos armados y delincuencia, tener el monopolio de las armas y respetar los derechos humanos”.  Antes de entrar a analizarlo desde mi modo de ver, me atrevo a decirle al candidato que, entendiendo que Estado es el que él representaría en caso de salir elegido Alcalde de Medellín el 25 de octubre de este año, con esto nada más que se comprometa y haga, le quedaríamos eternamente agradecidos el resto de vida, si es que los electores le damos la oportunidad de llevarlo a  la práctica. Lo demás se va resolviendo en la cotidianidad de una administración eficaz y decente.

Es eso, sin tanta cháchara inmaterial de candidatos y pre-candidatos, lo que esperamos como promesa seria y prioritaria del próximo alcalde, pues es lo que nos tiene fregados. En ese “Principio” que nos encontramos  casualmente en facebook, está resumida la solución para desenredar la  perversa maraña que día a día coge ventaja inmisericordemente y se va tragando nuestra ciudad por más que se le den importantes pinceladas de retoques provechosos, o se le inyecten generosas  cantidades de  asfalto, ladrillos y estructuras modernas, con todo y la mejor intención.

Combatir con autoridad y carácter los quiebres a la institucionalidad y al orden ciudadano, es ponerle zancadilla efectiva a la fuente de  corruptela, al origen del miedo, a los que arrasan con el empleo digno, a las causas íntimas de la desesperanza enmascarada con indiferencia, al acabose de los valores, al  refugio  de hogares destruidos.

Entiendo el “Principio” que nos presenta Salazar, como la convicción que nace de la confianza  del que sabe lo que  quiere,  y cómo le hace el quite a las trampas del enemigo encubierto. Hoy tenemos claro que sin institucionalidad sólida y sin el apoyo de los gobernados a su gobernante para el mutuo respaldo contra los que soterradamente desestabilizan el sistema, no es posible que haya seguridad ciudadana, todo será inútil si las instituciones son débiles e infiltradas por la  desfachatez  y el delito.

Si se rompe severamente con el crecimiento de las prácticas  perversas que penetraron las capas sociales e instancias institucionales, y es cercenado de tajo  el soporte  de las violaciones a los derechos humanos de toda naturaleza, recuperaríamos para Medellín los componentes de progreso que hicieron de  nuestra capital, la mejor ciudad de Colombia para vivir.

El próspero “vividero” que atrajo a centenares de habitantes de las subregiones antioqueñas, debe ser puesto en cintura  con firmeza en el marco de la  justicia. La sensibilidad social que queremos prime en el  próximo mandatario deberá  ser garantía de la orientación que dé a sus más cercanos colaboradores, ya que la gente y sus ilusiones no riñen con la ejecución de obras de infraestructura, siempre y cuando éstas sean el complemento necesario para el bienestar integral.


Estricto, pero propiciador de consensos; tenaz, aunque tolerante con la discrepancia cuando hay argumentos lúcidos;  así queremos que sea nuestro próximo alcalde; añadiéndole la  condición de que su principal promesa  -seguro de  persistir en ella hasta cumplir el objetivo -  sea  la recuperación de la   institucionalidad como carta oficial de presentación ciudadana.  De igual forma,  que acuda a todo estrategia de comunicación pública permitida,  para ponernos a marchar hacia la moralidad como parámetro de comportamiento individual y colectivo, poniendo de moda la rectitud como estilo de vida; convencido y convenciéndonos con su actuar, de que detendrá el caos social que nos envuelve poco a poco como sociedad enferma y puede hundirnos  definitivamente, si no le cumplimos o no  nos cumple.