Quienes hemos conocido del asunto entre Liliana
Rendón y su partido el CD, apenas por las publicaciones formales, rumores y comentarios
de las partes en conflicto, nos atrevemos a decir que es mejor no opinar pues
podemos estar muy perdidos de la verdad.
De los anteriores acontecimientos al interior
del partido fundado y orientado por el exmandatario de los colombianos Álvaro Uribe,
y sobre lo más notorio del tema, la
reciente decisión comunicada a la doctora Rendón Roldán, a través de una carta de la veedora nacional
de esa colectividad, lo que obviamente generó
todo tipo de reacciones, sólo podríamos asegurar que agudizan sin duda alguna, las posiciones radicales
al interior de su militancia.
Detrás de los hechos conocidos públicamente, deben haber pasado tantas cosas, de lado y
lado, no publicadas, de esas que pertenecen a los secretos bien o mal guardados
y muchas veces distorsionados, que cualquier pronunciamiento que hagamos los
ajenos a los protagonistas de este episodio, deben parecer palabras necias para los
contrarios; y no es porque se trate del
CD, intríngulis similares y hasta peores, son de la cotidianidad de todos los partidos.
El pertenecer a las esferas de poder y querer
quedarse ahí, corrompe la sal.
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Saco
la cara por el Diputado Rodrigo Mendoza Vega en cuanto al asunto ese, tan
absurdo, de meter nueve o diez volantes propagandísticos en sendas viviendas
del sector más comprometido con su fórmula para Concejo de Medellín, Jesús Aníbal
Echeverry.
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Es
tal el escrúpulo de Mendoza Vega frente al respeto por las normas, que mucho antes de iniciar campañas
este año, quisimos que él mostrara en plegables, por subregiones, su informe de
gestión como diputado a la Asamblea de Antioquia, contando exclusivamente la gestión
llevada a cabo el año anterior en razón de su curul. Sin logos, y mucho menos señalando aspiraciones propias o
apoyos políticos, ya estaban diseñados los bocetos cuando le presentamos la
idea.
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Sin
embargo, el Diputado se negó rotundamente a que esa tarea se llevara a efecto
pues consideró y así nos lo expresó: “Eso puede prestarse a malas
interpretaciones, yo no lo autorizo”.
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Los
volantes del problema, en cambio, me cuentan, fueron diseñados por la campaña
del Concejal, seguramente aprobados por el diputado Mendoza y por el candidato
de la “U” para la Alcaldía de Medellín Gabriel Jaime Rico; hasta aquí nada
malo. Pero…
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Es
una pieza de propaganda electoral que pusieron al alcance de sus militantes y
simpatizantes, en una reunión política en la que el Concejal habló de su
trayectoria pública y presentó sus promesas de campaña, acompañado por su diputado y su candidato a
gobernar la capital antioqueña. Aquí si hay algo que puede señalarse como en
contra de lo permitido en campaña, a mi manera de ver, pero no soy yo la
llamada a juzgar, opino simplemente.
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Si
los volantes no hubieran estado
expuestos, ya impresos, para compartir con sus seguidores; si por ejemplo los muestran en un video a manera de prueba para
evaluar el grado de comprensión del mensaje y aceptación de sus contenidos, ¡perfecto!
(Esto inclusive es usual ante grupos, eso sí, pequeños, para medir impresiones
y claridad de las piezas a sacar en su momento).
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En esta etapa de las campañas no se permite que circulen volantes de carácter propagandístico,
al hacerlo, se corren riesgos como el percance sucedido y de hecho van contra lo reglamentado para el calendario electoral.
Tampoco son permitidos pasacalles, pendones, vallas fijas o móviles, solo a
partir del 26 de julio, o sea, tres meses antes del día de elecciones.
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Eso en cuanto a piezas de propaganda exterior.
En lo que respecta a cuñas, jingles, testimoniales, es decir, cualquier pieza
de propaganda política en medios de comunicación masiva, como la radio o la televisión
comercial, se permite dos meses antes del día de elecciones, es decir, a partir
del 26 de agosto.
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Especulaciones
mías: Alguno de los partidarios fervientes de Echeverry, que son centenares, y seguramente no de mala fe, sin imaginarse
el lío en el que podía meterse su concejal preferido y admirado, les hizo “el
favor de colaborar” con la campaña de la
mejor forma que podía hacerlo: compartiendo con los vecinos del barrio, los
pocos volantes que recogió en la reunión que se llevó a cabo en el auditorio de
ADIDA, lugar en donde los exhibieron para que los tomaran libremente los asistentes; actividad que se hizo
pocos días antes del percance tan sonado. ¡Qué pecao!!!
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Sobre
el uso de medios virtuales o redes, no existe reglamentación precisa, por eso
es por lo que hace rato vemos, leemos y
nos llegan, en tales canales de difusión, propaganda blanca y mucha de la negra.
Obviamente recursos que bien administrados, y utilizados de acuerdo con un plan de medios juicioso, que obedezca a las
tácticas formuladas desde la estrategia política y comunicacional, puede rendir
altos beneficios.
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Vuelvo
al tema de los volantes extemporáneos. No sé qué pronunciamientos hubo al
respecto por parte del colega, Gabriel Jaime
Rico, quien dicho sea de paso, y lo reitero sin temor, lleva a cabo una campaña
como no he visto ninguna otra en tantos años observando campañas. La utilización
de las herramientas del MP (Marketing Político) aplicadas con excelente planeación,
sin improvisaciones y dirigida por él mismo, merece todo reconocimiento.
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En
cambio sí escuche en distintos medios, declaraciones del Concejal Jesús Aníbal Echeverry y del Diputado Rodrigo Mendoza,
obviamente extrañados con la ocurrencia, y a la vez señalando como autor de la
misma, a un militante del Partido Verde.
Ahí si no estoy con ellos. Argumentar que posiblemente fue este ciudadano,
pues ha sido opositor político del
Concejal en el sector de los hechos, me parece pésima acción. Sembrar dudas sin
el mínimo de pruebas en contra de cualquiera, no es digno de quienes deben dar ejemplo
en la sociedad.
Hablando
de malas interpretaciones. El error tan frecuente de nosotros los humanos, eso
de imaginarnos algo y darlo por hecho, es muy delicado. Recientemente un artículo
de opinión en El Colombiano, entre tantos relacionadas con el tema Liliana Rendón
y su aval por parte del CD, despertó fuerte solidaridad con la señora candidata
a la Gobernación, al igual que bastantes
y duros reproches por parte de los lectores, dirigidos a Uribe y su candidato a
la Alcaldía de Medellín, doctor Juan Carlos Vélez. Según el columnista Carlos Alberto
Giraldo, la respuesta del doctor Vélez a
la pregunta de un periodista del área política de otro medio distinto a El
Colombiano, sobre el aval a Liliana Rendón, fue una burla que el exmandatario Álvaro
Uribe celebró con una amplia sonrisa.
Si
realmente así lo fuera, habría que reprocharlo sin duda alguna y personalmente estaría
en total acuerdo con lo planteado en el sesudo análisis del hecho, por parte
del periodista Giraldo, pero a mi juicio, más bien diría que se trató de un chiste que hizo Vélez parodiando las
respuestas ya conocidas con las que escabulle el bulto Uribe, festejado por el propio
orientador y líder del CD. En resumen, lo veo más como una anécdota simpática que una cruel burla. Lo
que pasa es que al doctor Juan Carlos Vélez no le conocemos el lado gracioso
que evidenció en aquel momento, y menos
nos es familiar –ante los medios- una agradable y espontanea risa del
exmandatario Uribe, como la ofrecida en respuesta al “remedo” que hiciera el
candidato.
Sigo
creyendo que no hay nadie absolutamente malo, ni alguien absolutamente bueno. Pero
si hay “matices” en cada ser, que lo tiran más para un lado que para el otro.