Toda
aspiración política para un cargo de elección popular, exige la estructura que se requiere para el logro
del objetivo; es decir, se necesita una organización
proselitista para alcanzar la meta de alcanzar un determinado número de votos el
día de las elecciones.
Si
bien algunas campañas parece que todo lo improvisan, hay otras que se
caracterizan precisamente por su bien estructurado plan de trabajo. Sin embargo,
en nuestro medio, son muy pocas –tal vez solamente las que cuentan con asesor estratégico-
las que consideran y constituyen el llamado “cuarto de guerra”, denominación copiada,
como casi todos los términos de las campañas políticas, de la jerga militar.
De golpe
el tema suena a batalla cruenta. Pero resulta que llevado a la organización de
las campañas, no es ni un cuarto ni es de guerra. Bueno, aunque sí puede existir
un sitio determinado en la sede de
campaña para los “consejos de guerra”, y que generalmente es el mismo en el que se hacen las reuniones del alto
comando (¿recuerdan que antes de inventarse los comités hablamos de comandos? El
comando femenino, el de juventudes, el de profesionales…) es mejor cuando se
dispone de un lugar distinto para reunir a quienes hacen parte del “cuarto de
guerra”. Y no se denomina “de guerra” porque se trate de un grupo escogido para
fomentar enfrentamientos sino, por el contrario,
para atajar rumores y combatir contingencias.
Se
me hizo interesante tratar este aspecto de las campañas políticas en vista de
que hace algunos días empezó a rodar por las redes un video que pretende, sin
lugar a dudas, destruir cualquier buena percepción que se tenga del candidato a
la Alcaldía de Medellín, el escritor y periodista Alonso Salazar Jaramillo.
Trátese
de quien se trate, esta vez le tocó a Salazar,
otra vez lo montarán para otro y tal vez desde otro frente. En todo
caso, utilizar cualquier canal de divulgación
para propagar mensajes dañinos a la
imagen de un contrincante, basados en supuestos, comentarios alevosos, acciones
y hechos no comprobados, es perversa estrategia para conquistar electores. Por qué?
Porque si bien puede dar como resultado la reacción adversa que se espera en contra del
candidato al que se le ensambló la pieza “negra”, también es posible que si se
logra demostrar quién lo hizo y que fue basada en embustes o que en ella se deformó la verdad, pues entonces para el
autor puede acarrear sanciones, y su jefe político, a quien se pretendió ayudar
con el trabajo de difamación, se le termina haciendo un grave perjuicio.
Y
es por lo anterior, por lo que es muy
importante integrar a la organización de la campaña el Cuarto de Guerra. ¿Cómo
se conforma? Ante todo es un comité compuesto por un reducido número de participantes,
todos de la más entera confianza del candidato, quien tiene el comando del Cuarto.
A las reuniones convoca el candidato por iniciativa propia o por sugerencia de cualquiera
de los integrantes que advierte ante el candidato la necesidad de resolver una
eventualidad que no da espera.
Si se
va a reunir el Cuarto de Guerra es porque se trata de resolver una contingencia. Toda amenaza
no calculada desde la primera etapa de una campaña para darle el debido
tratamiento estratégico, requiere análisis y reacción, y para eso se crea el
Cuarto de Guerra.
El gerente
de campaña, el consultor estratega, los coordinadores de los comités y los
asesores, se presume que son las
personas de entera confianza del candidato, así que ellos lo integran. En las campañas modernas, es imprescindible
que del Cuarto de Guerra haga parte el
experto en las herramientas de la Internet, y no es necesariamente de los
gestores que alimentan la comunidad virtual o el comunicador que sabe de la
materia, de donde sale aquel que está en capacidad de ir hasta el fondo de un
asunto tan delicado y malévolo como por ejemplo el que le montaron al candidato
Salazar Jaramillo.
¿Por
qué? Porque detener un rumor – que puede ser cierto pero inconveniente por el
veneno que le inyecten- o resolver acertadamente una adversidad tan funesta
como producir y despachar masivamente un
video mezclando verdades con mentiras, distorsionando realidades y haciendo
creer que las emociones normales de un ser humano son pecados capitales, no da mucho
tiempo para las sabias respuestas que exige.
Con
la velocidad que puede llegar un mensaje a miles y miles de personas, en corto tiempo simultáneamente, una campaña seria
y bien estructurada no puede darse el lujo de ignorar el inmenso papel que
juegan hoy las tácticas mediáticas para bien o para mal. ¿Y de quiénes se espera
que las diseñen estratégicamente? Pues del Cuarto de Guerra.