jueves, 30 de julio de 2015

"CUARTO DE GUERRA"

Toda aspiración política para un cargo de elección popular, exige  la estructura que se requiere para el logro del  objetivo; es decir, se necesita una organización proselitista para alcanzar la meta de alcanzar un determinado número de votos el día de las elecciones.

Si bien algunas campañas parece que todo lo improvisan, hay otras que se caracterizan precisamente por su bien estructurado plan de trabajo. Sin embargo, en nuestro medio, son muy pocas –tal vez solamente las que cuentan con asesor estratégico- las que consideran y constituyen el llamado “cuarto de guerra”, denominación copiada, como casi todos los términos de las campañas políticas, de la jerga militar.

De golpe el tema suena a batalla cruenta. Pero resulta que llevado a la organización de las campañas, no es ni un cuarto ni es de guerra. Bueno, aunque sí puede existir un sitio determinado en  la sede de campaña para los “consejos de guerra”, y que generalmente es el mismo  en el que se hacen las reuniones del alto comando (¿recuerdan que antes de inventarse los comités hablamos de comandos? El comando femenino, el de juventudes, el de profesionales…) es mejor cuando se dispone de un lugar distinto para reunir a quienes hacen parte del “cuarto de guerra”. Y no se denomina “de guerra” porque se trate de un grupo escogido para fomentar enfrentamientos sino,  por el contrario, para atajar rumores y combatir contingencias.

Se me hizo interesante tratar este aspecto de las campañas políticas en vista de que hace algunos días empezó a rodar por las redes un video que pretende, sin lugar a dudas, destruir cualquier buena percepción que se tenga del candidato a la Alcaldía de Medellín, el escritor y periodista Alonso Salazar Jaramillo.

Trátese de quien se trate, esta vez le tocó a Salazar,  otra vez lo montarán para otro y tal vez desde otro frente. En todo caso,  utilizar cualquier canal de divulgación para propagar  mensajes dañinos a la imagen de un contrincante, basados en supuestos, comentarios alevosos, acciones y hechos no comprobados, es perversa  estrategia para conquistar electores. Por qué? Porque si bien puede dar como resultado  la reacción adversa que se espera en contra del candidato al que se le ensambló la pieza “negra”, también es posible que si se logra demostrar quién lo hizo y que fue basada en embustes o que en ella se  deformó la verdad, pues entonces para el autor puede acarrear sanciones, y su jefe político, a quien se pretendió ayudar con el trabajo de difamación, se le termina haciendo un grave perjuicio.

Y es por lo anterior, por lo que es  muy importante integrar a la organización de la campaña el Cuarto de Guerra. ¿Cómo se conforma? Ante todo es un comité compuesto por un reducido número de participantes, todos de la más entera confianza del candidato, quien tiene el comando del Cuarto. A las reuniones convoca el candidato por iniciativa propia o por sugerencia de cualquiera de los integrantes que advierte ante el candidato la necesidad de resolver una eventualidad que no da espera.

Si se va a reunir el Cuarto de Guerra es porque  se trata de resolver una contingencia. Toda amenaza no calculada desde la primera etapa de una campaña para darle el debido tratamiento estratégico, requiere análisis y reacción, y para eso se crea el Cuarto de Guerra.

El gerente de campaña, el consultor estratega, los coordinadores de los comités y los asesores, se presume que son las  personas de entera confianza del candidato, así que ellos lo integran.  En las campañas modernas, es imprescindible que del Cuarto de Guerra haga parte  el experto en las herramientas de la Internet, y no es necesariamente de los gestores que alimentan la comunidad virtual o el comunicador que sabe de la materia, de donde sale aquel que está en capacidad de ir hasta el fondo de un asunto tan delicado y malévolo como por ejemplo el que le montaron al candidato Salazar Jaramillo.

¿Por qué? Porque detener un rumor – que puede ser cierto pero inconveniente por el veneno que le inyecten- o resolver acertadamente una adversidad tan funesta como  producir y despachar masivamente un video mezclando verdades con mentiras, distorsionando realidades y haciendo creer que las emociones normales de un ser humano son pecados capitales, no da mucho tiempo para las sabias respuestas que exige.

Con la velocidad que puede llegar un mensaje a miles y miles de personas,  en corto tiempo simultáneamente, una campaña seria y bien estructurada no puede darse el lujo de ignorar el inmenso papel que juegan hoy las tácticas mediáticas para bien o para mal. ¿Y de quiénes se espera que las diseñen estratégicamente? Pues del Cuarto de Guerra.